El gran cataclismo acuático/marino que inundó templos en Luxor hasta la mitad.

El gran cataclismo acuático/marino que inundó templos en Luxor hasta la mitad.

En Luxor se halla una de las muchas fuentes primarias egipcias que he logrado compilar que podrían servir como testimonios de la misma tradición sobre el gran cataclismo que destruyó la Atlántida (según contaron los sacerdotes egipcios a Solón en el siglo VI AC). Se trata de un texto hierático o cursivo escrito en la parte posterior del gran patio de Amenhotep del Templo de Luxor y describe un gran cataclismo de inundación, al parecer de carácter mundial, no meramente local, y fechada -por el mismo texto- en el siglo VIII AC, aunque bien podría estar haciendo referencia a un evento algo más antiguo. No sería el primer caso constatado de “apropiación” o “re-utilización” de hechos históricos del pasado por parte de los mismos egipcios (De hecho, en el mismo texto se alude al conjuro que Tutmosis III había usado antes cuando el país padeció una catástrofe del mismo tipo). Veamos lo que nos cuenta este sorprendente testimonio: 

“…El gran Océano (Nun) Primordial se introdujo en esta tierra (Egipto) hasta sus confines. Se extendió hasta los dos regiones montañosas verdes, como en el Tiempo Primigenio (o sea, cuando la primera isla y el dios Atum surgieron de las aguas del abismo, cuando todo era agua). Por su poder (el poder del gran Océano primordial) esta tierra (Egipto) quedó como el Gran Verde-Azulado Mar. Ningún dique del pueblo egipcio pudo contener su furia (la furia de la inundación del mismo Océano Primordial). Toda la gente como si fueran patos se dispersaba con terror en sus ciudades, y sus monumentos que eran tan altos como el cielo y todos los templos de Tebas quedaron como marismas (o pantanos) […] Sus habitantes eran como nadadores entre las olas, y clamaban por la protección de Ra, el que está en el cielo […] Un derramamiento de olas sucesivas que un dios (¿el dios del mar?) hizo venir del mar. Eso fue una gran maldición. Ninguna persona había conocido algo semejante. El templo de Luxor fue engullido por el Gran Verde-Azulado Mar hasta su mitad ¿Pueden los humanos comprender algo como esto?…” (Traducción directa de la transcripción jeroglífica realizada por G. Derassy, 1896).

Imaginemos cuán grandioso debió ser ese cataclismo acuático (que sospecho ha sido copiado del que aconteció siglos antes en tiempos de Tutmosis III) para que el agua del mar pudiera haber penetrado el interior de Egipto, al menos hasta Luxor (Tebas), e inundara los templos hasta la mitad de su altura, o sea, que estamos hablando de como mínimo ¡8 metros de nivel de agua! teniendo en cuenta la altura media estimada para el complejo de templos de Luxor.

Algún escéptico podría argumentar que esto debe ser mera mitología, pero resulta que no es el caso. Ni siquiera los egiptólogos se han atrevido a formular tal hipótesis. La inscripción es de tipo memorial o histórica con fecha e indicación de reinado, y no se halla dentro de ningún contexto mágico-religioso o mitológico. Así que, guste o no, es algo que fue registrado como un hecho verdadero.

Como suele suceder cada vez que los historiadores se tropiezan con datos como estos que resultan muy difíciles de digerir, la única opción que ha quedado -para algunos egiptólogos- ha sido considerar la hipótesis del mero error, o sea, que el escriba usó erróneamente (¡dos veces!) el término usual para denominar al mar u océano, el “Gran Verde-Azulado Mar” (en vez del habitual para denominar al río Nilo), y que seguramente exageró todo lo demás. Y así de fácil es como se ha ninguneado uno de los más enigmáticos y reveladores textos sobre cataclismos de la antigüedad, a tal punto que el mismo es prácticamente desconocido incluso entre muchos estudiosos del Antiguo Egipto, mientras que los pocos que lo conocen (por meras referencias fragmentarias y hasta mal traducidas de los escasos libros viejos que lo mencionan) creen que se trata de un simple texto sobre una mera inundación del Nilo. Juzguen ustedes…

Puede que haya algo de exageración, pero no creo en esa hipótesis del error ni mucho menos que con el mismo nombre del gran océano o mar verde-azulado se esté denominando simplemente al Nilo por mero error, mientras que no se menciona a este con ninguno de sus nombres tradicionales y usuales en esos tiempos. Aunque pudiera estar algo exagerado, me resulta más que probable lo que el texto refleja: una verdadera catástrofe acuática de proporciones casi bíblicas que ha tenido ciertos ecos en otros textos y tradiciones egipcias mismas. Recordemos, por ejemplo, el asombroso pasaje del “Libro de los Rituales de Shu para la Conservación de la Vida en la Tierra”:

“En la noche no hay iluminación y no existe el día… Una desgracia ha sido causada en el cielo y en la tierra… Dioses y diosas se llevan las manos a sus cabezas, la tierra está destruida, la luna se retrasa, el sol no aparece, ya no existe… El abismo de las aguas, el Nun (Océano) se ha alterado, la tierra se ha volcado y el río ya no es navegable… Todo el mundo se lamenta y llora…” (AMAZON & ATLETIA. Historia de las Islas de los Dioses… http://mybook.to/AmazonAtletiaKindle).

Nota: Fotos del texto, su transcripción y traducción en “La Atlántida y Egipto. Fuentes primarias egipcias (Volumen II)…” (Georgeos Díaz-Montexano).

Patio de Amenhotep, Templo de Luxor, Egipto.

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