Libro: "Heródoto y la Atlántida" (descarga gratuita).

Georgeos Díaz-Montexano, Historical-Scientific Atlantology Adviser for James Cameron and National Geographic, President Emeritus of Scientific Atlantology International Society (SAIS), Vitalitius Accepted Member of The Epigraphic Society

Uno de los argumentos falaces con los que los pseudoescépticos se llenan la boca cada vez que intentan desacreditar a la Atlántida, es que no existe ningún autor, ajeno a Platón, que se haya referido a la misma, que todos los que lo hicieron se basaron en los escritos de Platón. En el Tomo I de mi Epítome de la Atlántida Histórico-Científica2 demuestro la falsedad de ese argumento, mostrando otros autores que sin duda hablaron de una antigua y legendaria civilización Atlántica o de unos pueblos Atlantes, y sin dejar ni el más mínimo indicio de haber usado a Platón como fuente de información. Dicho de otro modo: autores cuyas fuentes de información serían totalmente ajenas a las de Platón, y por tanto, otras fuentes, otras tradiciones o variantes.

Otro argumento falaz de los pseudoescépticos sentencia que si la Atlántida hubiera realmente existido, alguien antes de Platón se habría referido a ella de algún modo. Pero, sin embargo, no existe ninguna referencia anterior a Platón… Esto es lo que sostienen. Pero se equivocan de nuevo, y lo demostraré en mi próximo libro (La Atlántida antes de Platón. Volumen primero de la serie de atlantología histórico-científica), el cual tratará justamente sobre las referencias anteriores a Platón que he hallado en fuentes griegas, fenicias, asirio-babilónicas y egipcias; aunque de estas últimas sólo habrá una selección menor, ya que las he reunido casi todas en el Tomo II del Epítome de la Atlántida Histórico-Científica3, el cual dediqué exclusivamente a las fuentes egipcias, debido a su gran cantidad.

Aunque el libro no estará terminado hasta finales de julio, he decidido regalaros -a modo de adelanto- este artículo. Espero nos ayude a percatarnos de hasta qué punto muchas pruebas indiciarias y también evidencias, han estado ahí siempre, ante las narices de todos los pseudoescépticos (y de los que sí son verdaderos escépticos). Si las vieron, se las callaron deliberadamente, pues no pocas de estas pruebas indiciarias y evidencias fueron tergiversadas, manipuladas o mal traducidas de modo inexplicable. Lo que me lleva a pensar en algo totalmente intencionado de cara a disfrazar la evidencia.

El principal ejemplo que vamos a comentar en este artículo se halla nada menos que en el más célebre (aunque no el más riguroso y fidedigno) historiador de la Antigüedad Clásica, Heródoto de Halicarnaso (484 – 425 A.C.). El historiador jonio nos regaló, antes que Platón, una breve pero preciosa pista sobre la tradición preplatónica de la existencia de una isla o un archipiélago o una península y país que tenía el mismo nombre, Atlantis, que Solón había usado antes para referirse a la Atlántida. Esta referencia de Herótodo, cuando menos demuestra que la historia que Solón había traído de Egipto se basaba en una tradición que se tenía como una “historia verdadera”, o sea, de una lugar que realmente habría existido, o al menos eso se creían muchos griegos, tal como veremos en la referencia de Heródoto.

Es sabido que Heródoto habló de unos pueblos atlantes que vivían en los alrededores del Monte Atlas, en la  Libia occidental, con respecto a Egipto. Sabemos que tal monte se hallaría dentro de la cadena de montañas de la actual cordillera del Atlas que se expande desde la actual Túnez y Argelia hasta Marruecos. Pero lo que apenas es conocido, es que en otro pasaje el historiador halicarnasense nos ofrece una pista bastante clara -aunque indirecta- sobre la existencia de la Atlántida o cuando menos, de la existencia de una tradición sobre la misma entre los griegos.

Primero mostraremos la referencia tal como la han traducido todos los expertos académicos, y para ello bastará con un par de ejemplos, y después mostraremos, a través del texto griego formal (editado según los códices y manuscritos conservados), cómo es que en realidad la traducción ha sido ligeramente adulterada, en cuanto al verdadero significado de una palabra -pienso que de modo muy conveniente- para que no se notara justo lo que realmente evidencia la misma: una breve pero clara referencia a la existencia de la Atlántida, o al menos, a la creencia o tradición sobre su existencia en el Atlántico.

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3 ATLANTIS – AEGYPTIUS CODEX. CLAVIS. Las fuentes primarias egipcias sobre la Atlántida. Epítome de la Atlántida Histórico-Científica. Tomo II.
Heródoto (484 – 425 A.C.). Dibujo de la artista visual argentina y restauradora de Arte, Ivana Quinteros, 2013, http://nana-iq.blogspot.com/
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2 comentario en “Libro: "Heródoto y la Atlántida" (descarga gratuita).

    1. Estimado amig@. La ubicación de la Atlántida en la Antártida es una hipótesis más de las tantas especulativas y absurdas que se han escrito, desde que la Atlántida comenzó a interesar a más personas que a unos pocos doctos o filósofos. La teoría de que la Atlántida sería la Antártida es del todo absurda, como su hipótesis vecina de que se hallaba en los Andes o Bolivia. Son de ese tipo de «teorías» que ni siquiera merecen tal denominación, puesto que se pasan por el «forro de los calzones» todo lo que claramente dicen las fuentes primarias sobre la Atlántida, o sea, los escritos de Platón y de todos los demás autores que se refirieron a la misma, y que, sin ninguna duda, dejan bien claro que era una isla que comenzaba casi en las puertas mismas del estrecho de Gibraltar, donde hoy se halla el Golfo de Cádiz, y que quizá se extendía hasta Madeira (o hasta las Azores como mucho), y hasta las Canarias, o muy cerca de estas. Pero no hay ni el más leve dato que permita justificar de ningún modo que pudiera ser o hallarse en la Antártida, tan extremadamente lejos de la boca de las Columnas de Hércules, y lo mismo podemos decir para el Altiplano de los Andes y cualquier otro lugar continental de América o el pacífico o el Índico. Ni siquiera se podría colocar en el interior de un mar más cercano como el Mediterráneo, como todavía se intenta promover, desde los círculos académicos, con la también absurda «teoría» de Thera y la erupción del Santorini.
      Un cordial saludo,
      Georgeos

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