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Prolegómenos a la Atlántida Histórico-Científica


Reconstrucción paleogeográfica de la Isla Atlantis, de acuerdo a la descripción de los sacerdotes egipcios registrada por Platón a través de los apuntes que su tío-pentabuelo Solón había traído de Egipto. Las actuales islas de las Canarias, Madeira y los grandes bancos y montes submarinos circundantes, podrían haber formado parte de las regiones montañosas de Atlantis antes del gran hundimiento geológico causado por una gran catástrofe tectónica y sísmico-tsunámica. Las montañas de las actuales Canarias y Madeira habrían estado por encima del nivel actual al menos unos mil metros más, siendo así las montañas más elevadas de todo el antiguo mundo conocido por griegos y egipcios. Hipótesis primera de Georgeos.Díaz-Montexano. En esta otra foto se puede ver la hipótesis segunda del autor, basada en la máxima dimensión que pudo haber tenido la isla Atlantis, asumiendo que cada región o comarca de la isla fuera casi del mismo tamaño que la principal región del rey Atlas. Sorprendentemente la forma se corresponde bastante con la representada en los más antiguos mapas egipcios de la isla de las regiones paradisíacas del Occidente, situada frente a un estrecho, en el gran mar verde-azul de aguas frias, cuya anchura y largo, no conocía ni siquiera Osiris, o sea, en el Océano Atlántico.

Lamentablemente hay mucha desinformación respecto a la historia de la Atlántida descrita por Platón y otros autores antiguos (incluso ajenos a Platón). Muchas falsedades se han escrito que son usadas por ambos bandos de las dos posturas enfrentadas: defensores de la posibilidad de un sustrato histórico y detractores. Como todo en esta vida, una adecuada información de calidad que sea la más completa o mejor documentada posible, y sobre todo, que sea verificable, es lo que marca la verdadera diferencia entre información veraz y desinformación que genera confusión.

Es imposible pontificar en contra de cualquier posibilidad histórica en el relato que Solón trajo de Egipto sin antes haberse estudiado todas las fuentes primarias existentes sobre el asunto. Los escépticos detractores arremeten contra cualquier posibilidad histórica, no admitiendo ni una mínima posibilidad, como por ejemplo, algo tan simple como que hubiera sido una importante ciudad de la Edad del Bronce en algún lugar del Atlántico, próxima a las costas de Iberia, Marruecos, Canarias y Madeira.

Pero lo cierto (como cualquiera puede verificar) es que el mayor estudio -en cuanto a volumen y calidad de referencias y fuentes primarias- que hasta la fecha ha sido realizado, el único donde se ha trabajado con todas esas fuentes primarias, que son ya más de medio millar (entre códices, papiros, manuscritos, mapas, relieves y pinturas en tumbas y templos, etc.), es el que he venido realizando desde hace ya casi veinte años,1 y que componen una serie de seis volúmenes sobre Atlantología Histórico-Científica, de los cuales he publicado en fecha reciente un adelanto o resumen en forma de epítome, en dos tomos. Aunque “no suene bien” que sea yo mismo quien lo diga, con toda honestidad, planteo, que sin leerse los citados dos tomos (de unas 762 páginas), y sin haberse hecho aún ni una sola exploración submarina en los puntos que he logrado precisar, tras haber trabajado con las fuentes primarias escritas y no pocas evidencias arqueológicas y sismológicas que he logrado ir reuniendo en todo este tiempo, es imposible pontificar que todo lo referente a la Atlántida no es más que un mero cuento inventado por Platón o por Solón tras haber escuchado a unos marineros medio borrachos en una taberna portuaria, que en realidad estaría relatando una supuesta catástrofe de inundación (tsunami) que habría acontecido en Tartessos. Argumento falaz que ya desmonté en escritos anteriores, simplemente mostrando cómo otros autores que -de modo independiente- también consultaron fuentes egipcias, dieron fe de la misma historia escrita entre los egipcios y de cómo esta fue trasmitida a Solón, tal como acreditan el célebre historiador Plutarco de Queronea, tras sus propias indagaciones entre los sacerdotes egipcios, y el bien considerado filósofo griego, Crantor, tras verificar la existencia, en Egipto, de inscripciones con la misma narración sobre la guerra de la Atlántida que es narrada en el Critias.

Por consiguiente, si hubo una invención, si alguien se inventó todo lo referente a la Atlántida, no fue Platón ni tampoco Solón, en todo caso, habrían sido los sacerdotes egipcios que le trasmitieron la historia al legislador griego, los mismos que Plutarco confirmó en Egipto, y así hasta nos revela sus nombres: Sonjis de Sais y Psenofis de Heliópolis, de quien dice el mismo Plutarco, eran tenidos como los más sabios de entonces. Por tanto, las fuentes de Solón no fueron unos simples marineros borrachos en una taberna portuaria, como sostiene el geólogo de la Universidad de Huelva, Dr. Juan Antonio Morales, quien no ha tenido en cuenta a historiadores como Plutarco y Marcelo, ni a Crantor cuando da testimonio de estelas egipcias con la historia de Atlantis, ni a los mismos sacerdotes egipcios que hablaron con Solón, Sonjis de Sais y Psenofis de Heliópolis, cuyos nombres sabemos gracias a la confirmación que el mismo Plutarco hizo entre los archivos egipcios, ni tiene en cuenta el Dr. Morales tampoco, cómo el célebre Proclo también ofrece los nombres de otras grandes autoridades egipcias como Pateneit, Ojaápis y Euthemón, como fuentes de Solón. Aunque, curiosamente, ni un solo nombre de un marinero borracho, o no borracho. Pero, incluso si asumiéramos esta hipótesis de los “marineros borrachos” del Dr. Morales, habría entonces que asumir también que esos mismos sacerdotes (u otros que desconocemos) falsificarían los mismos escritos sobre la Atlántida que Crantor, no mucho después de morir Platón, pudo confirmar en Egipto. Y acusar también a Crantor (sin fundamento alguno) de haber sido otro vulgar mentiroso como Platón, o como el mismo Solón, desde luego que sería igual de absurdo. La fides atque auctoritas, el prestigio, la ética y valores morales de Crantor, fueron muy alabados y muy bien considerados por varios autores antiguos de gran autoridad.2Nada permite suponer, y menos aún asumir, que Crantor haya mentido y se haya inventado tales testimonios epigráficos sobre la historia de la Atlántida entre las fuentes egipcias, y que él mismo pudo verificar. Si alguien -aún sin fundamento alguno- quisiera creer en tal aberrante especulación subjetiva, en cualquier caso, que sea consciente de que no podría demostrarlo de ningún modo, a menos que fabrique una “Máquina del Tiempo” y viaje hasta el preciso momento en que Crantor visitó Egipto, para así ver si realmente vio o no vio tales inscripciones donde se daba fe de la misma historia narrada en el diálogo de Critias o el Atlántico. Porque, ciertamente, con alegar simple ausencia de evidencia -científicamente- no es suficiente.

La única manera en que se podría pontificar, de modo tan categórico y con tanta convicción, que la Atlántida fue una mera fábula inventada por los sacerdotes egipcios, sería si no se hallara absolutamente nada que permitiera dar soporte histórico a la historia de la Atlántida, después de haberse peinado hasta el último rincón bajo el mar Atlántico, especialmente en toda el área que señalo, por ser justo la única que se corresponde -de manera precisa- con la ubicación que se da de la isla Atlantis en las fuentes antiguas. Pero, resulta que la han buscado por casi todos los mares del mundo menos por el único lugar donde claramente la señalan las fuentes primarias escritas, y que es donde llevo casi dos décadas indicando que se debería buscar: delante de Gibraltar, en el Atlántico, pero en ese espacio que se extiende entre Iberia, Marruecos, Madeira y Canarias.

Si tras realizar esa búsqueda completa no apareciera nada que permita dar soporte de algún modo a la historia de la Atlántida, sólo entonces se podría confirmar que fue una invención de los sacerdotes egipcios. Sólo entonces se podría decir, pontificar, y publicar por todas partes, hacerlo oficial, y hasta “llevarlo a misa”, que la Atlántida nunca existió, al menos no en el lugar donde claramente la ubicaban Platón -según Solón y las fuentes egipcias- y los demás autores antiguos. Y de tales resultados negativos se podría incluso deducir que fue un cuento inventado por los sacerdotes egipcios, si es que alguien quisiera ir más lejos aún en las conclusiones derivadas de los resultados arqueológicos negativos. Pero mientras tales resultados arqueológicos no se hayan producido, todo lo que se intente pontificar, tanto a favor de la existencia de la Atlántida, como en contra, no sería más que mera especulación.


SOBRE LAS POSIBLES FUENTES EGIPCIAS DE LA HISTORIA DE ATLANTIS

Las investigaciones que he venido realizando durante las dos últimas décadas, me han permitido determinar no solo la existencia de abundantes pistas y pruebas indiciarias -y no pocas evidencias- acerca de la existencia de una tradición egipcia sobre una isla situada en el Occidente, en el inmenso mar azulverdoso de aguas frías (Océano Atlántico),3 que fue llamada la "isla de los Dioses", de los dioses primigenios, que por todo lo que he hallado escrito junto a la misma, sería la misma que Solón tradujo al griego como “isla Atlantis”, también he podido constatar que todas estas evidencias surge a partir de una época concreta, justo en los albores del llamado Segundo período intermedio del Antiguo Egipto. En esa misma época, especialmente entre finales de la Dinastía XI y hasta mediados de la XII, se crean los 8 primeros mapas (uno en papiro y los restantes en sarcófagos y ataúdes), todos creados por miembros de una élite que vivió en la célebre ciudad de Hermópolis, la Ciudad de Hermes o Thot, el dios de las Escrituras y las Ciencias.

Al parecer estos personajes estarían vinculados incluso familiarmente, según se deduce de sus nombres y de cómo sus tumbas fueron emplazadas en una misma parcela, juntas o muy próximas entre si. Esta élite o grupo familiar, estaba compuesto por médicos o físicos, escribas dibujantes, y hasta un general o "Jefe de Soldados" y vivieron como funcionarios bajo los reinados de Mentuhotep IV (Dinastía XI) Amenenhat I y II y los tres faraones del célebre linaje de los Sesóstridas (Dinastía XII), o sea, aproximadamente desde el 1991 AC hasta 1843 AC, justo cuando en Iberia se desarrollaba (en pleno auge) las civilizaciones del Bronce Argárico y Bronce Atlante y cuando en el Egeo proliferaba la Minoica, concretamente cuando el llamado Minoico Medio o de los Palacios Antiguos, o Protopalacial.

Este período del Antiguo Egipto conocido como Imperio Medio y que acontece justo en los albores del Segundo período intermedio del Antiguo Egipto, se ha convertido para mi en la etapa más importante de la historia de Egipto, no por su monumentos arquitectónicos, obviamente, pero si por la calidad y la novedad de sus documentos, del material literario, porque en esta época no sólo se dieron algunos de los mejores ejemplos de literatura egipcia de varios géneros, desde lo mitológico o mágico-religioso hasta lo poético, novelesco e incluso filosófico. Si se me permite la comparación, esta época egipcia me recuerda el Renacimiento europeo.

He logrado determinar no solo que esta fue la primera vez que se crearon verdaderos mapas egipcios, por tanto, la época cuando realmente nace la cartografía egipcia, sino también cómo en estos mapas ya se aprecian los paradisíacos paisajes del remoto Occidente con la isla de los Dioses ubicada justo ante un estrecho canal (Gibraltar) en el “inmenso mar azulverdoso de aguas frías, cuyas dimensiones no conocía ni siquiera Osiris mismo”, tal como leemos en los textos que acompañan la descripción de tal Isla de los Dioses.

En cualquier caso, esa puntualización de que la longitud y la anchura o amplitud de ese gran mar azulado o azulverdoso de aguas frías no la conocía ni siquiera Osiris, es una manera muy clara de referirse a la inmensidad del Océano, que permite descartar se trate del Mediterráneo o del Mar Rojo (de los cuales los egipcios conocían bastante bien sus límites), y menos aún que se pueda tratar del mismo Nilo, como siguen creyendo los egiptólogos, sin importarles para nada ni su inmensidad ni su color ni su frialdad, ni el hecho de que se indique -explícitamente- que tales parajes se hallaban en el remoto Occidente.

Como decía, no solamente es la primera vez que se crean mapas en el Antiguo Egipto, sino que estos primeros mapas (y es lo que me resultó más sorprendente) tratan “casualmente” de esos remotos parajes -tal como considero- del Océano Atlántico, frente a Gibraltar, y de la Isla de los Dioses con su “Ciudad del Trono Acuático” (Spania o Spaniu) o “Ciudad Acuática del Trono del Dios que Hace Elevar (el cielo o el sol)”, o sea, Schu,4 el mismo Atlas para los griegos, y esta isla la vemos situada justo delante de la boca de ese estrecho canal que sería la misma boca del estrecho de las Columnas de Hércules (Gibraltar), delante de la cual -según se describe en el Timeo y el Critias- tenía su comienzo la isla Atlantis, por lo que no cabe hipótesis mejor que esta que defiendo, de que Atlantis sería entonces esa misma Isla de los Dioses, llamada así en tales mapas por ser, precisamente, el lugar donde habían nacido los primeros dioses, los llamados dioses primigenios o primordiales, desde el primero de todos, Atum (también conocido como Atum-Ra), cuando surgió por generación espontánea en una isla, que según las tradiciones egipcias (especialmente en la teología heliopolitana) había surgido como la primera tierra primordial o primigenia en el mismo Océano Primigenio (Nun).

En esa isla Primordial, la misma Isla de los Dioses, surgió Atum, y una vez en la misma, creó Atum a sus dos hijos gemelos, Schu (Atlas para los griegos) y Tefnut (su hermana), lo que sin duda me recordó lo que se describe en el Critias de cómo en la isla Atlantis, Poseidón engendró a un primer par de gemelos Atlas (equivalente griego de Schu) y Gadeiros (Eumelo en la traducción griega que hace Solón). Después se citan cuatro pares de gemelos más, por tanto cinco pares en total, y como demuestro en mis libros, estos se corresponden bastante bien con la sucesión de dioses primigenios desde el primer par, Schu y Tefnut, al que le siguen cuatro pares más: Gueb y Nut, Isis y Neftis, Osiris ySeth, y por último, Hor-Ur o Haroueris (Horus el Mayor) y Horus, por tanto, cinco pares igualmente, donde al menos Schu y Tefnut e Isis y Neftis, y es posible que los dos Horus (el Viejo y el Joven) también lo hayan sido, y de ahí la distinción entre uno mayor que el otro.

Por otra parte, descubrí también, que justo en esta misma época en la que se crean estos primeros mapas, se creó también el mayor corpus de textos mágico-religiosos desde los tiempos de los textos de los Pirámides creados o puestos por escritos por primera vez durante las V y VI dinastías. El corpus del Imperio Medio, conocido como Textos de los Sarcófagos o de los Ataúdes, incorpora muchos pasajes del anterior de los "Textos de las Pirámides", pero también aportar numerosos conjuros y pasajes nuevos, desconocidos hasta la fecha, y entre tales novedades se hallan, precisamente, los conjuros que rodean a estos ocho mapas primigenios de las paradisíacas regiones del Más Allá en el Occidente y la Isla de los Dioses en el inmenso mar azulverdoso de aguas frías.

En estas mismas paradisíacas regiones del Occidente, los antiguos autores griegos- sin duda por influencia egipcia- colocan el origen o cuna de los dioses, tal como acreditan los más antiguos autores. Y la tradición de las fértiles y paradisíacas tierras del Occidente -entre ellas la misma Iberia- perduró hasta los tiempos de la influencia árabe. De hecho, la misma Isla de Andlus o Andlos5 (Yazirat alAndlush), como llamaban a España los autores islámicos, fue considerada como un verdadero paraíso. Un breve pero magnífico ejemplo de lo anterior lo hallamos en unos versos del gran poeta Ben Jafaya de Alcira (1058-1138) que llegaron a ser considerados heréticos por el sultán de los benimerines Abu Inán Fáris (1349-1357). He aquí tales versos:

¡Oh habitantes de Hispania, qué suerte tenéis:

agua, sombra, ríos y árboles.

El Paraíso Eterno sólo está en vuestro país;

si yo pudiese escoger, lo escogería.

No temáis entrar en el Infierno, pues ello no es posible

después de haber estado en el Paraíso!

Ciertamente, los autores árabes llamaron Yazirat al-Andlush o sea, Isla de Andlus o de Andlos a toda Iberia. Del tal Andlus o «Andalos», otros autores decían que era el mismo Atlas o Atlante, descendiente de Japhet o Jápeto. Según Attabari, en la misma Yazirat al-Andlush había existido una "ciudad rodeada por muros de latón dorado", lo que recuerda la metrópolis de Atlantis rodeada por una muralla cubierta del misterioso oricalco que describe Platón, a través de los apuntes que Solón trajo de Egipto, que bien podría ser una especie de latón dorado.

Sobre los antiguos habitantes de Iberia de los tiempos antediluvianos, anteriores a la Edad del Hierro, llamados Andalish o Andlish, tenemos testimonios muy reveladores. El cronista medieval musulmán, Ahmad ibn Muhammad al-Razi (887 - 955 después de Cristo), nos trasmite el precioso dato de que, según los Sabios de España (es decir, los más doctos autores hispanos), los al-Andalish, o Atlantes mismos,6 fueron unos antediluvianos magos, adoradores del fuego, que dominaron en Iberia antes que los fenicios, y que después del gran Diluvio Universal7 poblaron al-Andlush, la Yazirat al-Andlush o Isla de Andlus, es decir, la Isla de Atlas o de Atlante. Lo mismo vemos en Ibn ʻIdhârî (al-Marrâkushî), quien refiere: “Y es fama que la primera gente que arribó a este país (Iberia) después del Diluvio, fue un pueblo llamado al-Andlush, del cual se llamó (Iberia) al-Andlus, y que estos pobladores eran magos”.8

Resulta más que evidente que tales magos antediluvianos denominados como Andlush o Andlish, por tanto, Andalus o Andales, no podrían ser otros que los mismos que -a través de la traducción de Solón- los griegos conocían como Atlantes., puesto que en los textos árabes también se nombra al mismo Atlas o Atlante como Andlas o Antlas. Y del dato de que poblaron Iberia (Yazirat al-Andlush), justo después de una gran catástrofe o cataclismo, resulta lógico -además de obvio- que tales Andales o Antales antediluvianos, tendrían su morada en algún lugar muy próximo a la península ibérica. Pienso que -precisamente- donde mismo se localizaba la Isla Atlantis, delante del estrecho de Gibraltar, justo donde vemos también representada la Isla de los Dioses en los primeros mapas egipcios de las regiones paradisíacas del Occidente.

Después de este importante inciso, retornemos al punto en el que estábamos cuando nos referíamos a las primeras referencias sobre la Isla de los Dioses en el inmenso mar de aguas frías. Como apuntábamos, en esa época del Imperio Medio (Dinastías XI y XII), en el mismo corpus de textos mágico-religiosos escritos en sarcófagos y ataúdes egipcios, se representan -también por primera vez- una serie de planos o mapas esquemáticos con detalles de los lugares de las regiones del Más Allá que incluyen también las misma regiones del Occidente, y donde se indican detalles tan precisos como la boca y entrada de ese mar en el Occidente, que es representada exactamente con la misma forma que tiene el Golfo de Cádiz o Golfo Atlántico que se abre justo ante el Estrecho de Gibraltar, o sea, como un gran semicírculo que dibujaron de color oscuro y llamaron, precisamente, como “Boca, Vestíbulo (Golfo) o Entrada de la Oscuridad (El Ocaso)”, porque, justo aquí, en esta boca del Atlántico, es donde los egipcios -por lo que se aprecia- ya entonces, durante el Imperio Medio, creían que se hallaba el límite del Mundo por el Occidente, o sea, por donde comenzaba la región de la oscuridad, el mundo o reino de la Noche, el Imy-Duat o la Duat misma, justo por donde se sumergía el Sol, Ra, ya en su aspecto occidental como Atum-Ra, el Sol del Ocaso, para entonces iniciar su peregrinación nocturna, cada noche (tal como venía haciendo desde el origen del mundo), en dirección contraria, hacia el Oriente, donde cada mañana renacía como el joven Sol Horus. No debería sorprendernos nada de esto, cuando aún en los tiempos clásicos, los griegos y los romanos, seguían creyendo que el límite del Mundo -hacia el Oeste- se hallaba justo en esta misma área del Golfo de Cádiz.

En mis investigaciones terminé hallando también papiros con textos donde se usó la criptografía, o sea, escritura secreta o enigmática (Del gr. κρυπτός, oculto, y -γραφία, 'escritura'; por tanto, arte de escribir con clave secreta o de un modo enigmático), sistema que fue practicado por los egipcios, y esto es algo que ha sido determinado por no pocos estudios realizados por egiptólogos, filólogos y expertos en criptografía. El caso es que según tales estudios, los ejemplos más antiguos -claramente demostrables- del uso de la criptografía entre los egipcios, también data de esta misma época del Imperio Medio,9 o sea, que ya vemos que no solo surgen los primeros mapas y planos, por tanto, las primeras evidencias de cartografía y planimetría topográfica (aunque sea para lugares que los egiptólogos creen meramente imaginarios o inventados, mitológicos o legendarios), sino que por lo que se ha podido demostrar, surgió también la criptografía o arte de la escritura secreta o enigmática, y bueno, también varios géneros de literatura no registrados nunca antes. Por lo que se ve, algo muy importante sucedió en esta época entre finales de la Dinastía XI y mediados de la XII, justo en los albores del Segundo Período Intermedio del Antiguo Egipto.

No me parece ninguna casualidad que esta época coincida con la misma en que -según he podido precisar en las fuentes primarias grecolatinas- aconteció, precisamente, la guerra entre los pueblos del Atlántico (confederados con los Hyksso-Minoicos, tal como creo)10 y los pueblos griegos (Micénicos) y sus aliados los Egipcios, al menos los del delta o los de Sais. Mi hipótesis es que estos primeros mapas y planos, y el arte mismo de la criptografía, incluso de la costumbre de escribir el hierático y el cursivo o semicursivo, de izquierda a derecha, que según parece se introduce en esta época, todo ello se debe a la influencia de estos pueblos de la confederación Atlántica y Hyksso-Minoica, que en épocas previas a la dominación de Egipto y antes de las guerras finales donde terminaron siendo derrotados y expulsados de Egipto, aportaron tales ciencias o artes cartográficas y criptográficas, de modo que no parece ninguna casualidad que justo los primeros mapas que se hacen en Egipto sean sobre tales regiones paradisíacas y que estas se ubiquen en el remoto Occidente, en el inmenso mar azulverdoso de aguas frías y que la misma Isla de los Dioses la isla primigenia, la primera tierra donde habían surgido los dioses primigenios egipcios, se ubique en esa isla, en ese inmenso mar de aguas frías, y justo delante de un estrecho que a todas luces se corresponde con el de Gibraltar. No veo “meras coincidencias fortuitas” (como seguramente alegarán la mayoría de los egiptólogos), al contrario, veo un claro eco de esta élite o familia que se asentó en Hermópolis entre finales de la Dinastía XI y mediados de la XII, y que hizo escribir y dibujar todo ello en sus sarcófagos y ataúdes, como su particular versión de las creencias egipcias, adaptadas estas a una realidad geográfica: el lugar de donde ellos procedían, o sea, las costas del Atlántico.

No tengo la menor duda, que de realizarse estudios de ADN, especialmente ADN Mitocondrial, a los restos que se conserven de estos individuos enterrados con estos sarcófagos y con tales mapas, el resultado sería que proceden del extremo Occidente, y con mayor probabilidad de las regiones Atlánticas, es decir, con ADN típico o mayoritario de Iberia e islas Británicas, Marruecos y Canarias, tal como ya pasó con los Minoicos mismos recientemente11 y con los ancestros del célebre Tutankamón (twt-anx-imn). En cualquier caso, tal análisis serviría para confirmar o para descartar esta hipótesis, ya que no tener ADN occidental, entonces no quedaría más remedio que pensar en que los verdaderos autores de la idea de estos mapas no fueron ellos, sino otros de los cuales aún no tenemos evidencia o no se han sabido interpretar correctamente. Pero apuesto, hacia lo alto, que tales resultados revelarán una ADN de origen occidental.

Más recientemente, en los dos últimos años, se han sucedido una serie de descubrimientos altamente relevantes para estas investigaciones. Descubrimientos que confirman algunas de mis hipótesis. Confieso que algo así no me lo esperaba ni siquiera en vida. Estaba convencido de que pasarían muchos años, incluso muchos después de que finalizara mi misión actual en este mundo, antes de que se confirmaran detalles tan precisos de algunas de mis hipótesis. Me refiero a la confirmación mediante un análisis de ADN Mitocondrial de la muy estrecha vinculación de los antiguos Cretenses, y en especial los Minoicos, con poblaciones del Neolítico y de la Edad del Bronce de Iberia y otras regiones del Atlántico y el Occidente de Europa, lo que ha venido a confirmar en gran parte la hipótesis que he venido publicando desde hace años donde llegué a la identificación de los Minoicos y los Hykssos mismos como pueblos que serían parte de la misma confederación de los Atlánticos. Confieso que aun cuando sospechaba que incluso pudiera haber existido un vínculo genético con los pueblos del Occidente, especialmente habitantes de las costas Atlánticas, no me esperaba que ello fuera posible de verificar, al menos no en muchísimos años, y me conformé con defender la hipótesis de que al menos serían aliados de los Atlánticos, o sea, que estarían confederados con los Atlantes mismos y formarían parte de la cabeza de las huestes colonizadoras de los mismos en el Mediterráneo oriental, y eso es lo que he defendido. Hasta en el subtítulo mismo del primer tomo del Tomo II del Epítome de la Atlántida Histórico-Científica ya expongo la hipótesis que desarrollo en el mismo, al exponer, textualmente: Una confederación talasocrática Íbero–Líbico-Mauretana y Hyksso-Minoica.

En el Tomo II del Epítome de la Atlántida Histórico-Científica muestro casi doscientos papiros en los cuales creo se hallan los principales temas o puntos que después vemos incorporados en la narración de la Atlántida y que a continuación enumero:

  1. Una isla en un “gran mar de aguas frías cuya longitud y amplitud no conocía ni siquiera Osiris”, que era conocida como la "isla de los Dioses" (jw nTr.w). Para Solón sería la isla Atlantis en el gran mar ponto o piélago del Atlántico.

  2. La ciudad principal de tal Isla de los Dioses es representada con un largo canal acuático que la conecta con el mar (como en la ciudad de Atlantis de Solón) y esta ciudad es llamada "La ciudad acuática (o de agua) del Trono de El que Eleva (o hace elevar)", un claro epíteto del mismo Schu oShu, quien fue descrito en muchos textos como "el que eleva el cielo" y también como "el que hace elevar al Sol". Así pues, esta ciudad acuática, conectada por un largo canal (como en la acrópolis de Atlantis) con ese mismo "gran mar azulverdoso de aguas frías, cuyas dimensiones no conocía ni el mismo Osiris", resulta que es la ciudad del dios que hace elevar o que eleva el cielo o al sol, y como este sólo podría ser el mismo Schu, por tanto, esta sería la ciudad acuática de Schu, conectada con el mar por un largo canal, igual que la ciudad de Atlantis de Solón. Ya sabemos que un griego como Solón traduciría a Schu con Atlas, por equivalencia fonética y simbólica, guiándose por el valor y significado de los nombres (ὀνομάτων δύναμιν), tal como se explica en el mismo Critias 113a-b.

  3. En estos mismo papiros se hallan también -dentro de la misma isla o junto a esta- otros indicios que vemos usados en el relato de Atlantis de Solón, como son: "isla Poderosa", "isla de las Batallas o Guerras". Recordemos que Atlantis provocó una gran guerra contra otras naciones por su gran espíritu militar, imperialista y guerrero.

  4. También leemos: "isla del dios de las aguas", lo que sería interpretado por Solón como la isla del dios Poseidón.

  5. También leemos: "isla de los alimentos deliciosos y abundantes" (y un alimento sagrado para los dioses, como la ambrosía de los griegos), lo que sería interpretado en la narración de Atlantis como una isla donde existía todo tipo de alimentos deliciosos y abundantes, tal como se describe en los pasajes del Critias 115a-b.

  6. Y tal isla es descrita no solo en ese gran mar azulverdoso de aguas frías, sino que es descrita delante de un estrecho canal que para Solón serían las Columnas de Hércules, o sea, Gibraltar, de acuerdo a lo que los mismos sacerdotes le precisaron.

  7. También es descrita esta isla en el remoto Occidente, en los dominios del Amenti.

  8. Igualmente es descrita como la "isla de la Gran Ciudad Acuática" o "isla de la Gran Ciudad de las Aguas o entre Aguas".

  9. También se le describe como la "isla de la Destrucción o Destruida", "isla en las Aguas Peligrosas" y la “isla de la Inundación o Inundada", entre otras descripciones que encajan bien con la narración de la Atlántida.

En fin, muchas pruebas indiciarias más como estas, y algunas más reveladoras aún que sugiero deberían ser bien analizadas y consideradas como posibles fuentes primarias egipcias de la historia sobre la Atlántida que Solón llevó de Egipto a la Atenas clásica.

De todos modos, tal como aclaro en mis anteriores libros -ya en su introducción- al referirme a todas las pruebas indiciarias, paleográficas y epigráficas que muestro en los mismos, incluso aunque tales fuentes resultaran meras invenciones de los egipcios, sin ninguna base geográfica real, en cualquiera de los casos, estas referencias vertidas en textos y mapas mágico-religiosos egipcios, perfectamente pudieron formar parte de la base de información sobre la que Solón redactaría su esbozo o exordio acerca de la historia de Atlantis. En fin, que tal como muestro en el Tomo II del Epítome de la Atlántida Histórico-Científica, no es mi objetivo demostrar con todas estas pruebas indiciarias halladas en las fuentes primarias egipcias que la Atlántida fue una isla real situada en el océano Atlántico, tal como se puede deducir de estas mismas fuentes egipcias, o sea, una isla poderosa con una ciudad entre aguas y con un gran canal, consagrada a la descendencia de Schu (el equivalente de Atlas), como el mismo Osiris, del cual se dice en la mayoría de estos mapas y papiros tenía también su Trono Sagrado en esa misma Isla de los Dioses, en medio del gran mar azulverdoso de aguas frías. Incluso hay pasajes en algunos de los papiros donde esta misma "isla de los Dioses" es referida como "hundida" en las aguas de la inundación, en unas aguas que son descritas y hasta representadas como aguas peligrosas,revueltas, en el mismo gran mar azulverdoso donde los dioses pusieron las aguas frías... Lo que propongo o muestro con todas estas referencias existentes en las fuentes primarias escritas y cartográficas egipcias, es que estas bien podrían ser algunas de las fuentes que conocería Solón -a través de los sacerdotes egipcios- que le ayudarían a conformar el exordio que heredó Platón, una mera introducción de un proyecto más ambicioso que Solón se había propuesto y que consistía en una narración épica sobre la guerra de los Atlánticos contra los Atenienses y Saitas, entre otros pueblos, pues un hecho poco advertido incluso por los que se han dedicado al estudio de la Atlántida, es que todo lo que conocemos sobre la misma -a través de Platón- es un simple esbozo, un mero exordio de un proyecto mayor, que Solón no pudo terminar porque ya era muy anciano y murió antes de que sus apuntes pudieran pasar de una mera introducción, y que después, ese mero exordio, “Platón lo adornó y enriqueció con suntuosos templos y murallas”, tal como afirma Plutarco, quien pudo verificar todo ello, directamente, a través de fuentes egipcias.12 El objetivo de Solón era crear una epopeya épica que pudiera competir en grandeza con la Ilíada y la Odisea de Homero y los poemas de Hesíodo, tal como se afirma en el principio del Timeo: “si (Solón) hubiera completado la historia que trajo de Egipto, ni Hesíodo, ni Homero, ni ningún otro poeta hubiese llegado a ser -en mi opinión- más celebrado que él”.13 Por lo que los apuntes que Solón llevo a la ciudad de Atenas -ese exordio o mera introducción que después le sirvió a Platón como base- ya era una redacción literaria donde el mismo Solón habría incluido mucho de su propia cosecha e imaginación, en aras de crear un poema épico dedicado especialmente a los Atenienses, por tanto, adaptado a la literatura, costumbres y tradiciones griegas. Pero en cualquier caso, tal poema partiría de datos y fuentes egipcias aportadas por los sacerdotes de Sais, y tales datos o referencias le habrían sido mostradas a Solón como tradición o historia verdadera.

Así pues, partiendo de todo lo anterior (bien explicado en las fuentes clásicas), es que me propuse buscar entre las fuentes egipcias indicios o pruebas indiciarias (cuando menos) de aquellos datos que pudieron haber servido a Solón como fuentes para su proyecto literario épico, y creo que logré ese objetivo con creces, pues más allá de lo que había llegado a imaginar, logré reunir -en los últimos veinte años- centenares de pruebas indiciarias que apuntan al hecho de que Solón pudo haber conocido muchas de tales referencias o traiciones egipcias, y cómo estas podrían haberle servido de inspiración para la redacción de su poema épico sobre la historia de la guerra de los pueblos Atlánticos contra los Egipcios y los Griegos de entonces, que serían los mismos que hoy los arqueólogos llaman Micénicos. Todo ello con independencia de la existencia de un verdadero relato escrito con gran parte de la historia esbozada por Solón y que se conservaría en los archivos sagrados de los sacerdotes que hablaron con Solón, tal como se afirma en el mismo Timeo, y como también acredita Plutarco en su escrito sobre Solón y confirma Crantor -según nos trasmite Proclo- quien afirma cómo ciertos sacerdotes egipcios le mostraron inscripciones con la misma historia acerca de la guerra con los Atlánticos, y por supuesto, no existe ni la más mínima evidencia científica, ni razón de peso suficiente, para suponer que todos estos reputados autores mintieran tan descaradamente.

Finalmente, creo que es más que posible que la historia que los sacerdotes contaron en Sais a Solón como una historia verdadera basada en antiguas tradiciones -tal como se afirma- en realidad haya sido una leyenda parahistórica, exactamente del mismo tipo de algunas de las que se hallan en la Biblia. No tengo ningún problema en aceptar esta posibilidad o hipótesis. Al menos, mientras no se encuentren pruebas arqueológicas que confirmen lo contrario, es decir, hasta que no sean hallados los restos mismos de la Atlántida bajo el mar y quede así demostrado que no se trataba de una simple leyenda o parahistoria sino de una auténtica historia verdadera.

Con relación a Plutarco, el mero hecho de que haya escrito después de Platón no disminuye en nada su credibilidad ni tampoco que -por ello mismo- deba ser considerado un mentiroso. Aclaro este punto, porque es una de las falacias abusivas esgrimidas por algunos “escépticos” que presumen de muy científicos. Plutarco de Queronea (46 – 125 A.D.) es una fuente independiente, y aunque filósofo y político, fue más célebre como biógrafo e historiador -¡no lo olvidemos!- No se trata del filósofo griego fundador de la escuela neoplatónica de Atenas, es decir, Plutarco de Atenas (350 – 432 A.D.). El anterior Plutarco, el historiador natural de Queronea, incluso hasta nos da los nombres de los sacerdotes que hablaron con Solón: Sonjis de Sais y Psenofis de Heliópolis, de quienes dice eran considerados como los más sabios e instruidos de los sacerdotes de entonces.14 Se sabe que Plutarco estuvo en Egipto y que consultaba las fuentes egipcias directamente de los archivos y a través de los mismos sacerdotes, por consiguiente, no hay ningún motivo convincente que permita dudar de su palabra y afirmaciones en este sentido.

En cuanto a la cita sobre Crantor, es cierto que aparece referida en la obra del filósofo griego Proclo15¿Y qué? ¿Acaso alguien pretendería sugerir siquiera que Proclo también mintió y se inventó una obra tan importante y citada en la antigüedad como los célebres “Comentarios al Timeo” de Crantor, y por tanto, que se inventó también esa referencia donde el mismo Crantor da fe y testimonio de la existencia de textos egipcios con la misma historia narrada o descrita en el diálogo del Atlántico de Platón? Pues por increíble que parezca, varios escépticos han intentado “ponerme entre las cuerdas” recurriendo a esta mera falacia. Pero lo cierto es que no conozco a ningún verdadero experto -reconocido a nivel internacional- en textos de la tradición platónica o en los estudios sobre la Fragmenta de Crantor o los escritos del filósofo Proclo que crea en algo semejante. La veracidad de ese Comentario al Timeo de Crantor donde aparece tal pasaje (como otros citados), acreditado por Proclo y otros autores que también dan fe del mismo comentario al Timeo de Crantor, no es puesta en duda por ningún verdadero académico experto en tales tradiciones textuales. De hecho, son muchos los autores que hoy conocemos, y citas de los mismos (que se aceptan como verdaderas), gracias a las referencias de Proclo; siendo precisamente en Proclo donde único se mencionan a determinados autores de los que muy lamentablemente no nos ha llegado copia completa de ninguna de sus obras, como es el caso del mismo citado Comentario al Timeo de Crantor, autor este muy reputado en la antigüedad por su extrema honestidad, ética y moral. En las Fragmenta (término que se toma del latín), o sea, compilaciones donde se reúnen los fragmentos de obras perdidas de la antigüedad, está recogida lo que se ha conservado del Comentario al Timeo de Crantor y, por supuesto, el mismo fragmento citado por Proclo donde Crantor da fe de la existencia de inscripciones egipcias donde se registraba la misma historia narrada en el diálogo sobre el Atlántico de Platón.

Así pues, el mero hecho de que tanto Plutarco como Crantor, y el mismo Proclo, sean posteriores a Platón y conocieran la obra de Platón, no demerita ni resta valor alguno a lo que refieren ellos mismos (entre otros) como datos complementarios sobre la Atlántida, y hasta la confirmación que hacen de cómo ese relato fue narrado por los sacerdotes de Sais y también de cómo en los tiempos de Crantor aún existían en Egipto textos con la misma narración sobre la Atlántida, según expone en sus "Comentarios al Timeo" el mismo Crantor, tal como es referenciado en todos los tratados sobre el citado autor y sus obras, que han sido escritos por los especialistas de los tiempos modernos, y donde no se duda -en ningún momento- de la existencia de tal comentario de Crantor, considerado como el primer exegeta o intérprete de las obras de Platón.

Espero se comprenda que presuponer que no es creíble o no es confiable lo que digan todos estos autores citados, por el mero hecho de ser posteriores a Platón, no es más que otra ridícula falacia, incluso mayor que la de asumir que la ausencia de evidencia es evidencia de la ausencia. En fin, otra falacia más que, además, se cae por su propio peso, porque si los académicos aceptaran este razonamiento tan falaz, entonces, automáticamente tendrían que desaparecer de todos los libros universitarios y de todas las enciclopedias -de golpe y porrazo- la mayoría de los autores de la antigüedad de los que lamentablemente no conocemos casi nada, ni sus obras completas. Autores a los que conocemos gracias a que fueron usados como fuentes de consulta y citados o comentados en la obra de otro autor, como es el caso de Crantor, al que conocemos gracias a las referencias que de el mismo hizo Proclo, Plutarco, Sexto Empírico y Cicerón, entre otros reputados autores de la antigüedad.

¿Acaso alguien podría de verdad pensar que siendo el Comentario al Timeo de Crantor una obra conocida en la antigüedad, citada por varios reputados autores desde antes de Proclo -y en su misma época- que este se atrevería a inventarse un pasaje que no existía en la misma? Además de que sería absurdo que se jugara todo su prestigio con una falsificación que sería muy fácil de poner al descubierto, Proclo era un filósofo reputado y tenido como muy honesto y con una gran fides atque auctoritas. Se sabe que Proclo jamás falseó ni modificó siquiera ni una sola de las centenares de citas de otros autores que usa en sus obras, y esto se sabe porque de la mayoría de las citas y fragmentos que usa, sí aparecieron después copias de las obras de esos autores que él cita, o bien fragmentos recogidos por otros autores donde se constata los mismos pasajes citados por Proclo y cómo estos son exactamente los mismos. ¿Por qué entonces sólo en el caso de las citas de los Comentarios al Timeo de Crantor mentiría, falsearía o manipularía el texto Proclo, y con qué objetivo, si él mismo no era de los que estaba a favor de que la historia sobre la Atlántida se hubiera basado en una historia verdadera, sino que en realidad sería una alegoría?

En fin, como puede verse, intentar demeritar o poner en duda las referencias que yo expongo como soporte en mis investigaciones, solo porque tales citas sean posteriores a Platón, no es más que una auténtica falacia, un razonamiento defectuoso dentro del verdadero pensamiento científico. Aclaro todo esto, porque doy por sentado que muchas personas piensan así, simplemente por hacerse mero eco de cierta corriente de “pensamiento escéptico” que está en contra por completo de cualquier posibilidad histórica en el sustrato de la narración sobre la Atlántida, y esa corriente (la conozco bien de cerca) es la dominante en el pensamiento de los que se dedican a la Egiptología oficial o académica y a otras ciencias como la arqueología, o la geología misma. Pero tal corriente de pensamiento "escéptico" está preñada de no pocos razonamientos falaces como los anteriormente comentados, y peores incluso. Conozco bien esas falacias, pues llevo años combatiéndolas, desmontándolas y poniéndolas al descubierto. Y no solo las falacias de los “muy escépticos” y “ortodoxos” que no creen que exista ni la mas mínima verosimilitud en el origen egipcio de la narración sobre la Atlántida, que no creen siquiera que tales sacerdotes -mencionados todos por sus nombres- hayan contado nada a Solón y que todo no es más que una mera invención de Platón mismo, sin importarles para nada los testimonios basados en Plutarco y Crantor, o Proclo, entre otros, también he luchado contra las muchas otras falacias del otro bando opuesto, el de los creyentes “casi religiosos” que apenas necesitan pruebas de ningún tipo sobre la veracidad histórica de la Atlántida, dándola por cierta, y, peor aún, asumiendo como hecho verdadero que era una super-civilización con alta tecnología de energías de cristales o capaz de hasta invertir -a consciencia- el eje de la tierra, y que desapareció hace más de once o doce mil años. Se me pueda criticar por cualquier argumento o error, pero nunca por no intentar ser imparcial, neutral y lo más objetivo y riguroso posible en mis investigaciones sobre las fuentes primarias de la historia de la Atlántida.

Plutarco,. Dibujo de Monik Perz, 2009.


Doy por cierta la afirmación de que la historia fue contada por los sacerdotes egipcios a Solón, al menos en su base o esencia, o sea, una isla que se hundió en el mar (no una civilización entera), primero, porque Platón me ofrece toda la credibilidad del mundo, segundo, porque también Plutarco (que estuvo en Egipto y consultó fuentes egipcias) acredita que la narración fue contada a Solón y nos ofrece hasta los nombres de los sacerdotes que lo hicieron (Sonjis y Psenofis), y tercero, por la referencia a la obra del Comentario alTimeo, de Crantor, donde se afirma que en Egipto -según los sacerdotes- existían ciertas estelas con la misma narración sobre la guerra de los Atlantes. Y como ya expliqué, no existe ninguna evidencia científica que permita suponer que Plutarco ni Crantor, ni Proclo mismo, fueran unos mentirosos poco menos que patológicos. Puede que para muchos escépticos no signifique nada la fides atque auctoritas de la que gozaban muchos autores de la antigüedad, como estos aquí implicados y citados, pero para mi sí tiene significado, y mucho. Para mi -repito- sus afirmaciones al respecto no son meras invenciones. Por ello, doy por cierto el hecho de que realmente unos sacerdotes egipcios fueron lo que narraron la historia a Solón. Por tanto, si en realidad hubo engaño o falsificación, sería de estos sacerdotes egipcios, pero nunca de Solón, ni mucho menos de Platón, quien simplemente redacta el diálogo del Critias o el Atlántico y la introducción sobre la Atlántida en el Timeo, basándose en los apuntes de su tío pentabuelo Solón, conservados en su legado familiar.

Algunas personas escépticas me han preguntado si existen registros epigráficos (inscripciones) o paleográficos (papiros) de que en Sais existiera alguna creencia o tradición sobre alguna islaimportante que de algún modo pudiera haber servido a Solón para la redacción sobre la Atlántida. Bien, según las fuentes clásicas existentes sobre esta cuestión, todo parece reducirse a una historia que estaba conservada en los archivos del Templo de Neith en Sais. Siendo así, la respuesta es que aún no ha sido hallado ningún registro epigráfico ni paleográfico en lo que se cree serían las ruinas del Templo de Neith en Sais. Sin embargo, no debemos olvidar que apenas han sido halladas unas pocas evidencias arqueológicas y ni un solo papiro sobre nada, y en cuanto a inscripciones, sólo pequeños fragmentos de textos formales. Por lo que aún no podemos saber si en el futuro -si se lograra excavar todo el área de un modo exhaustivo y si aparecieran papiros e inscripciones de varias tipologías y géneros- podría aparecer algo que tuviera que ver con lo narrado a Solón. En cualquier caso, por la misma regla de tres, no puede negarse el hecho de que tales sacerdotes narraran la historia a Solón por el mero hecho de no haber aparecido aún ningún papiro o inscripción. Ni siquiera se puede alegar aquí como justificación la ausencia de evidencia. Esto sólo podría hacerse si después de haberse excavado todo el área del templo de Neith en Sais, y haberse hallado muchos papiros e inscripciones con literatura de casi todos los géneros cultivados por los egipcios, aún así, no hubiera en ninguno de tales documentos nada que hiciera alusión al relato de la Atlántida. Sólo en tal caso se podría argumentar (aunque nunca asegurar del todo) que es muy posible que tales sacerdotes habrían engañado a Solón, porque es condición necesaria e indispensable que para poder recurrir al argumento de la ausencia de evidencia como evidencia de ausencia o ausencia de evidencia como evidencia negativa, que se haya cumplido primero lo anterior, es decir, que el Templo de Neith y sus alrededores inmediatos del mismo complejo, el lugar donde -según todo apunta- se hallaría al menos una copia de la misma historia o de los datos principales que sirvieron a Solón para su redacción, haya sido ya excavado por completo y se hayan descubierto numerosos ejemplos de inscripciones y papiros con narraciones diversas y que en ninguna de ellas haya aparecido ni una sola referencia que permita dar soporte a la historia o tradición referida en los apuntes de Solón sobre la isla Atlantis. No se puede alegar ausencia de evidencia cuando aún no se ha buscado ni encontrado suficiente evidencia como para poder llegar a una conclusión más o menos verosímil al respecto.

Otro de los puntos que me han sido presentados con la intención de rebatir mis investigaciones se basa en que, supuestamente, los mitos de la creación y los mitos osiríacos (el Amenti, el mar Gran Verde-Azul, etc.) se formaron en el período predinástico, y que siendo esto así, ¿cómo podrían entonces hablar de un acontecimiento como el hundimiento de Atlantis que vincula a los Atenienses -según narran los sacerdotes egipcios a Solón- cuando estos serían posteriores?

Es fácil responder esta cuestión. Primero, el “Gran Verde” o más correctamente el “Gran Mar Verde-Azul o Azulverdoso” (puesto que la palabra egipcia wAD era usada para un color entre azul y verde, cercano al turquesa claro), no está testimoniado en los tiempos predinásticos. Me gustaría conocer esa supuesta evidencia epigráfica predinástica donde se pueda ver cómo se habla del “Gran Mar Azulverdoso”. Por mucho que la pedí no se me pudo mostrar ni una sola. La referencia más antigua que he constatado sobre el uso del término wAD-wr, “Gran Azulverdoso (Mar)”, data de la Dinastía VI y se halla en los textos de la pirámide de Teti, o sea, entre el 2.322 y el 2.312 AC. Justo dentro del marco de tiempo -más antiguo- donde yo sitúo (de acuerdo a lo que las fuentes me han permitido) la guerra que se describe en el relato de Solón, según las pistas y datos que los sacerdotes le trasmiten al legisladorAteniense, tal como vemos en la narración del diálogo de Critias o del Atlántico de Platón. Aunque -aclaro- hay otro mar “Gran Verde” o “Gran Azulverdoso Mar” que no es el mismo “gran mar azulverdoso o verde azulado de aguas frías cuya longitud y amplitud no conocía ni siquiera el mismo Osiris” que se menciona en las evidencias paleográficas y epigráficas que he hallado, y que identifico como fuentes egipcias del mismo tipo o similares que las que poseían o conocían los sacerdotes egipcios que hablaron con Solón. El nombre de wAD-wr, “Gran verde” o “Gran Azulverdoso (Mar)”, se usó igualmente en tiempos más tardíos, en el Imperio Nuevo, para denominar el Mediterráneo, pero en los tiempos del Imperio Medio, especialmente en los "Textos de los Ataúdes y Sarcófagos" (en adelante TAS), entre finales de la Dinastía XI y mediados de la XII, se testimonia como un genérico de mar. Pero en el Conjuro 466 que trata sobre las regiones paradisíacas de las Campiñas de las Ofrendas o de las Bendiciones en el Ocaso (Campos y Marismas de Hetep), se usa para describir un mar situado en el Occidente, el “Gran Mar Azulverdoso de aguas frías, cuya longitud y anchura no conocía ni siquiera Osiris”, y en el cual se hallaba la Isla de los Dioses (iw nTr.w), representada esta justo frente a un estrecho canal, el cual identifico con el mismo estrecho de las Columnas de Hércules.

En cuanto a las primeras referencias al concepto del Amenti como la morada o reino de Osiris, pues lo mismo. No se conoce ninguna referencia como tal hasta después de los tiempos de las Pirámides. Incluso términos como wsir-xnt.i-imn.tiw, (Osiris-Jenti-Amenti), “Osiris, el presidente (o el que está al frente) del Amenti”, no se registran justo hasta después de las mismas Dinastías XI y XII, o sea, ya en plena época de la guerra de los Atlánticos contra los pueblos del Mediterráneo, según lo que se deduce de las mismas fuentes primarias clásicas.

Es más, incluso el mismo nombre de Osiris, en egipcio, wsir, no se conoce hasta después de mediados del Imperio Antiguo. Por mucho que he buscado -durante años- no he logrado hallar aún claras referencias escritas donde se vea a Osiris como Jefe o Presidente del Amenti o donde se hable claramente de Osiris como Rey o Gobernante del Amenti hasta después del Imperio Medio. Las pocas referencias anteriores a estos tiempos, solamente responden a la palabra imn.t en su simple significado de región del Oeste, o sea, como punto cardinal o bien como la orilla occidental del Nilo donde se hallaban las necrópolis, pero no como el Amenti, reino y morada de Osiris.

Así pues, las evidencias epigráficas y paleográficas que he logrado verificar (tras analizar las bases de datos y casi todas las publicaciones al respecto), están en perfecta consonancia con mis investigaciones e hipótesis interpretativas, porque se hallan todas dentro del marco de tiempo que he logrado reconstruir tras el análisis de las referencias, datos y pistas que hay en el mismo Timeo y en elCritias, y en otras de las fuentes primarias escritas que he analizado. Según parece, casi todo lo que he hallado como posibles fuentes egipcias de la misma información o tradición manejada por los sacerdotes egipcios que conversaron con Solón, surge en Egipto a partir de los "Textos de las Pirámides", aunque la mayoría de las referencias son posteriores al Imperio Medio, concretamente, dentro del gran corpus epigráfico de los TAS, es decir, en plena época del apogeo de los Atlantes y la guerra que estos mantuvieron -según lo que narrarían a Solón los sacerdotes- contra los griegos atenienses de entonces (micénicos) y los egipcios, al menos los egipcios de Sais y las regiones del delta del Nilo.

Por tanto, no hay anacronismo alguno, tal como creían -o seguramente aún creen- muchos escépticos. Según se deduce del registro epigráfico y paleográfico egipcio, todos estos conceptos sobre el Gran Mar Azulverdoso, el Amenti como reino y morada de los dominios de Osiris en el Occidente, la isla de los Dioses en el mismo inmenso mar azulverdoso de aguas frías, representada justo delante de un estrecho y con una ciudad entre aguas o Ciudad del Trono Acuático y con un canal que la conecta con el mar, y muchas de las restantes pistas que coinciden con el relato de Atlantis, todo ello, aparece en Egipto justo después de los "Textos de las Pirámides", aunque la mayoría de tales pistas e indicios surgen entre las Dinastías XI y XII, o sea -en números redondos- entre el 1900 y el 1800 AC, justo cuando en el Mediterráneo proliferan los Minoicos, y poco antes, según las referencias que hallamos en el Critias, de que la confederación de los Atlánticos (seguramente aliados con los Hyksso-Minoicos) iniciarían sus campañas bélicas contra los primitivos griegos (Micénicos) y contra los Egipcios mismos.

En cuanto a las evidencias que podrían o deberían aparecer en Sais como testimonio a favor de la narración que los sacerdotes egipcios ofrecieron a Solón, es necesario aclarar que la única evidencia que podría aparecer sería del tipo escrita, o sea, epigráfica o paleográfica, no puede ser de otro tipo ¿o acaso un simple trozo de cerámica o de piedra de un pilar o de un mero sillar podría demostrar que era real que existiera en el templo de Sais un texto con tal historia? Como ya apunté antes, no hay ninguna referencia ni indicio de que el escrito del cual hablan los sacerdotes se hallara en otro lugar que no fuera en los archivos de Sais, que suponemos debería ser una biblioteca en el mismo Templo de Neith. Pero como Sais no ha podido ser excavada aún ni siquiera en un 1%, y no ha sido hallado ni siquiera un papiro en las ruinas de lo que se cree sería el Templo de Neith (apenas unos pocos fragmentos con inscripciones de textos formales), no se puede prejuzgar -con tan poca evidencia- y tomar por mentirosos a los sacerdotes egipcios que conversaron con Solón. Habría que esperar -cuando menos- a que toda el área que rodea al Templo de Neith de Sais sea totalmente excavada y ver si aparecen más evidencias epigráficas o paleográficas que arrojen algo mas de luz al respecto.

Cuando existen varios reputados autores de la antigüedad que acreditan que era cierto que tales sacerdotes contaron tal historia a Solón, y uno de ellos, Crantor, dio incluso testimonio de ciertos textos egipcios que aún en su época existían con la misma narración sobre la guerra con losAtlánticos, no se trata ya de algo meramente hipotético, sino de ciertos sucesos y datos que son descritos como verdaderos, y la labor de un verdadero historiador digno, es presumir siempre inocencia, honestidad y buena fe en los autores antiguos, o sea, concederles (más cuando estos tenían una gran fides atque auctoritas) aunque sea el mero beneficio de la presunción de inocencia y de honestidad intelectual, y no considerar 'a priori' -sin verdaderas pruebas- que son todos poco menos que unos mentirosos patológicos.

Como ya expuse, si alguien mintió en esta historia, es posible que fueran los sacerdotes egipcios, pero como todo indica, no fueron Solón ni Platón. En realidad, no podemos saber aún con seguridad que ni siquiera los sacerdotes egipcios hayan mentido, a menos que se excave toda Sais completa de punta a cabo, y que después de hallarse una gran cantidad de papiros y textos amplios de varios géneros literarios se compruebe, finalmente, que ni uno solo justifica de ningún modo las referencias o datos que tales sacerdotes ofrecieron a Solón. Solamente así se podría entonces argumentar con verdadera base, con cierto fundamento real, que es muy probable que fuera una invención de tales sacerdotes egipcios.

Otra falacia esgrimida por los escépticos es asumir que si todos los sacerdotes de Egipto hubieran conocido una historia sobre una isla que se hundió, la hubieran dejado entonces por escrito por todas partes. Otro defecto de pensamiento lógico y racional que ignora el hecho de que el registro de tal suceso dependería de muchos factores como, por ejemplo, que el suceso hubiera tenido algún interés real para la historia de todo Egipto. Analicemos los datos: los sacerdotes le aclaran a Solón que esa historia fue conservada en sus archivos de escrituras sagradas, porque los habitantes de Sais se vieron envueltos en esa guerra y los griegos (que serían Micénicos) les ayudaron, y que es esa la razón por la cual la historia al parecer se hallaba solamente en Sais. Al resto de los egipcios, de otras ciudades, no tendría porque importarle o interesarle esa historia.

Pero la mayor prueba de este razonamiento falaz que acostumbran a usar los que siguen doctrinas demasiado “escépticas” o muy radicales, es el hecho que comento en mi estudio sobre Heródoto y la Atlántida"A finales del Tercer periodo intermedio de Egipto (circa 1070 a 650 AC), los egipcios sufrieron una invasión por parte de los asirios. Asarhaddón, rey de Asiria (681 a. C.-669 a. C.), hijo del rey Senaquerib y de Naqi'a (Zakutu), lideró un ejército contra Egipto y tomó su capital, Menfis. Desde allí los asirios sometieron el Bajo Egipto. Asarhaddón instauró gobernadores locales y regresó a Asiria. Tras una revuelta en su ausencia Menfis volvió a ser de los egipcios. Pero después de la muerte de Asarhaddón, el nuevo rey de Asiria, Asurbanipal, reconquistó Menfis y sometió casi todo Egipto. Inmediatamente después estallaron nuevas revoluciones, en este caso de una coalición de los gobernadores locales impuestos por los asirios en el Delta: la conspiración fue sofocada. Egipto no vuelve a ser recuperado por los egipcios hasta los tiempos de Psamético I. Pero Heródoto no menciona la conquista Asiria de Egipto. Un razonamiento falaz típico sobre este hecho apunta que, si fuera cierto que Egipto fue conquistada por los asirios en tiempos del Tercer periodo intermedio, Heródoto lo habría mencionado. De lo que se deduce, por tanto, que todos los autores que acreditan este hecho -al igual que Platón y todos los que mencionaron la Atlántida después de Heródoto- sencillamente se lo han inventado, y todas las fuentes históricas existentes, así como las evidencias arqueológicas, y epigráficas, no serán más que meras falsificaciones. ¿Pero saben cuál es la explicación a esta omisión de Heródoto que nos ofrece un reconocido académico, el Dr. Carlos Schrader, traductor de la prestigiosa edición de Gredos de las Historias de Heródoto? Pues que Heródoto no mencionó nada sobre la conquista asiria de Egipto, porque -sencillamente- esta habría sido silenciada en las fuentes egipcias".16 Ahora soy yo quien pregunta: ¿no deberían haber registros en los textos egipcios -por casi medio Egipto al menos- de tales sucesos? De acuerdo a tal forma defectuosa de razonar, deberían hallarse muchos escritos dando testimonio de tales sucesos, y si no los hay, entonces es porque todo es meramente especulativo, y probablemente tales hechos nunca sucedieron. Veámoslo de otro modo: si como apunta el Dr. Schrader, una guerra tan importante como la de Asiria contra Egipto que afectó casi a medio Egipto fue silenciada en las fuentes egipcias (por los egipcios mismos), por qué no podría haber sucedido lo mismo con la guerra de los Saitas y griegos Micénicos contra los Atlánticos, siendo esta, precisamente, una guerra prácticamente local, apenas contra los habitantes de Sais y de otras ciudades del delta, pero que a todas luces no parece haber afectado al resto de Egipto. En definitiva, que si una guerra como la de Asiria contra Egipto, mucho más grande y extensa que la guerra de losAtlánticos contra los Saitas y Atenienses (Micénicos), fue silenciada o borrada de los registros o archivos de los egipcios, nada impide entonces asumir que lo mismo hubiera pasado con la guerra deAtlantis contra Sais, siendo la misma un hecho meramente local que no afectaría al resto de las ciudades egipcias.

Otra de las mayores falacias de los escépticos anti-Atlántida es lo que suele llamarse el argumento del “rumor boca a oreja”, o sea, que no se puede ofrecer credibilidad a un mero rumor que llegó a Platón a través de lo que los sacerdotes contaron a Solón, este a Dropides, este a Critias el Mayor, y este a su nieto, Critias el Menor, quien sería entonces la fuente directa de Platón. En realidad, Platón pudo tener acceso a los escritos originales de Solón porque era su tío-pentabuelo, y tales escritos se conservaban en casa de su tío abuelo Critias el Menor, tal como se afirma en el mismo Critias 113b. Por tanto, se hallaban dentro del legado familiar de Platón. Y que Platón tuvo acceso a los apuntes originales de Solón, lo acredita también Plutarco, que como ya sabemos estuvo en Egipto y consultó fuentes egipcias directas.

Así que todo lo que dicen los escépticos sobre tal argumento del “rumor boca a oreja” son meras especulaciones. No se trata de un rumor ni de una simple tradición oral, sino de datos que fueron trasmitidos por personas que consultaron los escritos o apuntes originales de Solón, quien a su vez tuvo como fuentes directas referencias egipcias aportadas por al menos dos sacerdotes: Sonjis de Sais y Psenofis de Heliópolis, según nos informa el célebre historiador Plutarco de Queronea; aunque resulta obvio que para ciertas personas muy escépticas, ni esto ni nada bastará nunca. Ni aunque apareciera una copia íntegra del tratado de Crantor. Seguramente se diría que no significa nada, que de igual modo podría ser una mera invención o falsificación de Crantor.

Este tipo de personas que, sinceramente, no creo merezcan auto-llamarse escépticas, sino más bien fundaescépticas, dejan bien clara sus posturas -como practicantes de una ortodoxia radical y fundamentalista- de que solo creen en las evidencias arqueológicas tipo trozos de cerámicas y piedras, y para quienes los textos antiguos no valen nada y todos (o casi todos) los autores antiguos no son más que meros mentirosos y manipuladores de la verdad histórica.

En cualquier caso (tal como he aclarado en no pocos debates públicos), no creo que la Atlántida haya existido sólo por aparecer mencionada en los autores antiguos. Lo que he dicho que sí creo, es lo que afirman todos esos autores citados de que fueron los egipcios de Sais quienes contaron la historia a Solón y, por tanto, que no es una invención de Solón, ni mucho menos de Platón.

Por mucho que aparece bien explicado en mis numerosos artículos gratuitos que se hallan por muchos lugares, estas personas fundaescépticas siguen “erre que erre” con la mismo, para tratar de hacerme quedar como una especie de ingenuo crédulo que cree que la Atlántida existió sólo por el mero hecho de que así aparezca en tales testimonios antiguos. Aunque así fuera, no sería nada por lo que sentirse avergonzado, pero lo cierto es que siempre he manifestado que tengo la intuición de que sí podría haber existido algo, por todas las evidencias y pruebas indiciarias que he logrado reunir tras veinte años de investigaciones. Es decir, no solo por lo que dicen las fuentes primarias escritas que he logrado compilar, hallar y estudiar, sino también por no pocas evidencias arqueológicas y sismológicas. En cualquier caso, siempre he dejado más que clara mi absoluta convicción de que solamente la arqueología tendrá la última palabra.

Sobre las evidencias sísmico-tsunámicas y la historia de Atlantis

La otra evidencia científica altamente reveladora, ha venido de parte de un equipo de científicos especialistas en sismología y tsunamis, quienes a mediados del 2011 han publicado el resultado de unas sorprendentes investigaciones donde han logrado determinar, con evidencias y dataciones científicas, la existencia de varios eventos sísmico-tsunámicos que acontecieron en tiempos anteriores a los romanos, y que afectaron seriamente las costas del suroeste de Iberia, y resulta que justo uno de tales eventos encaja casi exactamente con el marco de tiempo que -según los datos que pude reunir tras dos décadas de investigaciones sobre las fuentes primarias- había logrado estimar para el final catastrófico de la Atlántida. Hecho que -según publiqué ampliamente- debió suceder en algún momento, en números redondos, entre el 2000 y el 1500 AC Pues ahora se ha podido determinar un acontecimiento de tal naturaleza sísmico-tsunámica, justo entre el 1900 y el 1600 AC Recomiendo a los lectores lean la noticia publicada en la comunidad El País.17 De los cuatro tsunamis que se ha podido determinar acontecieron en el Atlántico y que afectaron al Golfo de Cádiz, antes de los tiempos de Roma, sólo uno califica como buen candidato para fijar la época de la destrucción de Atlantis, de acuerdo a las fuentes primarias escritas. El único que coincide con las estimaciones que predije hace casi una década para las fechas en que debió haberse producido el cataclismo natural que destruyó laisla Atlantis. Tal evento sísmico-tsunámico sería el que se ha precisado -por dataciones científicas de radiocarbono- que aconteció entre el 1900 y el 1500 AC Veamos esta misma época, de acuerdo a lo que había estado reconstruyendo y publicando según mis investigaciones de las fuentes primarias escritas.

Este marco de tiempo (1900 – 1500 AC) se corresponde con la Edad del Bronce Atlántico y Argárico en la península ibérica. En el Mediterráneo, son los tiempos de los Hyksso-Minoicos y también fue cuando se dibujaron los primeros ocho mapas egipcios de las tierras del más allá en el inmenso mar azulverdoso de aguas frías, y donde se representó una Isla de los Dioses que -según parece- es la misma que después Solón tradujo por el nombre griego de Atlantis. Tal Isla de los Dioses aparece en tales mapas egipcios, delante de un estrecho canal que bien podría ser el mismo de Gibraltar. Tales mapas fueron después copiados sistemáticamente -por millares y algo modificados- hasta el final de la civilización egipcia. Esta época coincide con los tiempos finales de Atlantis, justo cuando los Cecrópidas, reyes de la primitiva Atenas Micénica, se enfrentaron a los Atlantes y les derrotaron, y cuando los Minoicos fueron derrotados también por los mismos primitivos griegos Micénicos, y los Hykussos o Hykssos, derrotados igualmente por los Egipcios. Los Minoicos y los Hykussos serían parte de la misma confederación con los pueblos Atlánticos. Recientemente, otro descubrimiento científico, un estudio genético del ADN Mitocondrial, ha confirmado también -en parte- esta otra hipótesis que venía defendiendo durante la última década. Tales estudios genéticos han permitido determinar un claro origen occidental europeo, más probablemente Atlántico e Ibérico, para el pueblo de los Minoicos.

En estos mismos tiempos se produciría pues el final de Atlantis, el cual acaeció después de que los Atlantes perdieran la guerra contra la fracción Micénico-Egipcia, y antes del cataclismo de los tiempos de Deucalión, tal como se precisa en el mismo diálogo de Critias o el Atlántico. Tanto los Cecrópidas como Deucalión -citados en el Critias- son ubicados cronológicamente en las fuentes primarias griegas entre el 1600 y el 1500 AC Y justo hacia el 1600 AC aconteció un evento sísmico de alta energía en las costas de Huelva, junto a Doñana, el cual ha sido determinado por varios registros de turbiditas y también de tsunamitas, hallados en esta misma área, pues en el Estuario Fluvial de Río Tinto, también se halló, recientemente, un registro claro de un tsunami que ha sido datado por radiocarbono entre el 1850 y el 1125 AC18 Por lo que se cree sería el mismo datado por turbiditas que debió acontecer alrededor del 1600 AC Los expertos creen que el tsunami responsable de estos registros en Doñana y en el Estuario del Río Tinto, debió acontecer en algún momento entre el 1800 y 1600 AC, y la intensidad del seísmo que lo causaría sería algo inferior a la máxima conocida que es de 8.0.

Estas evidencias son una buena señal de un evento catastrófico relativamente cercano a las costas deHuelva y Cádiz, que debió tener su epicentro sísmico bajo el mar, en algún punto del Golfo de Cádiz, justo enfrente, puesto que hasta la fecha no se han reportado huellas del mismo en otros lugares más lejanos, como sí sucede con dos de los otros tsunamis registrados.

En cualquier caso, la fecha de este evento sísmico-tsunámico se corresponde con absoluta exactitud con el marco de tiempo que propuse hace ya más de una década. Coincidiendo así también con la descripción en el Timeo, donde se puede leer afirmaciones como " ",19 que se traduce en castellano como "de seísmos excesivos", o sea, "terremotos de gran intensidad". Estos seísmos de gran intensidad, que fueron varios, según Platón, terminaron "originando un cataclismo"().20 Los antiguos griegos usaban la palabra 's' para denominar cualquier tipo de inundación de grandes magnitudes; el término hace referencia fundamentalmente a inundaciones producidas o bien por lluvias constantes y copiosas o por las aguas de los ríos y mares.

La catástrofe de la Atlántida fue la consecuencia de unos terremotos primeros y un cataclismo o inundación después, lo que se corresponde con la descripción de un típico proceso de tsunami."...todos los sismólogos y oceanógrafos reconocerán ahora en estas palabras griegas de Platón una descripción más que exacta del típico proceso de origen de la mayoría de los un tsunamis, donde por regla general primero se producen unos terremotos de considerable intensidad que dependiendo de su naturaleza y posición terminan por originar un tsunami..."..21

En esta misma época se hallan en Iberia, principalmente en varios puntos de Andalucía, algunas ciudades con patrón circular concéntrico que usaban fosos circulares que eran inundados de agua y alternados con anillos de tierra o espacios inter-fosos, justo como en la metrópolis de Atlantis. Y destacan especialmente en estos mismos tiempos dos culturas: El Bronce Atlántico y el Argar, en la que se aprecia grandes paralelismos con el mundo Minoico y Micénico, indicios de una estrecha relación que ahora se ve más que reforzada con los últimos descubrimientos sobre el ADN Mitocondrial de los Minoicos y su alta afinidad con las poblaciones del Neolítico y del Bronce de lapenínsula ibérica.



Gráfico de las capas de turbiditas datadas científicamente, vinculadas a registros de tsunamis acontecidos durante el Holoceno. Subrayadas en verde, las capas de turbiditas más altas, las cuales se corresponden a dos eventos sísmico-tsunámicos: uno acontecido en la Edad del Bronce, entre el 3000 y el 1500 AC, y otro hacia el siglo II después de Cristo.

Pero estas no son las únicas pruebas científicas que ofrecen soporte a mis hipótesis sobre la fecha y la zona geográfica donde se produciría la catástrofe que provocó el final de la Atlántida. Otros estudios han permitido confirmar algunos de estos eventos sísmico-tsunámicos, especialmente sobre el que aconteció entre el 1900 y el 1500 AC Estudios que fueron realizados para determinar los diversos cambios de los niveles del mar desde que comenzó el Holoceno, es decir, desde hace unos 11000 años. Tales estudios han evidenciado un alto y casi repentino incremento del nivel del mar de ¡hasta diez metros! que coinciden con bastante proximidad con los mismos cuatro eventos sísmico-tsunámicos que acontecieron en aguas del Atlántico Íbero-Marroquí, antes de los tiempos de Roma. En este sentido, el revelador estudio de José Manuel Gutierrez-Mas, de la Universidad de Cádiz,22evidencia claramente cómo el mayor pico de elevación -casi repentino- del nivel medio del mar se alcanzó justo en la misma época en que se ha fechado el tsunami de la Edad del Bronce que aconteció entre el 1900 y el 1500 AC (3900 y 3500 Antes del Presente), cuando entonces, desde los -5 metros en que se hallaba entonces el nivel medio del mar en el Golfo de Cádiz, las aguas subieron unos diez metros, situándose así a unos 5 metros por encima del actual nivel medio (0) del mar.



De los cinco estudios comparados (señalados con números) en esta gráfica sobre los cambios del nivel medio del mar, cuatro de los más recientes coinciden con el registro de considerables elevaciones del nivel medio del mar que se corresponden con bastante aproximación con los cuatro eventos sísmico-tsunámicos anteriores a los tiempos de la colonización romana: 7000-6800 A.P., 5500-5000 A.P., 3900-3500 AC, 2000-2200 A.P. (yr BP = Años antes del Presente, abreviado como A.P.). Como puede observarse, el pico más elevado y casi repentino se produjo con el evento sísmico-tsunámico ocurrido entre el 3900 y el 3500 A.P, o sea, entre el 1900 y el 1500 AC Los efectos de este evento -seguramente catastrófico- duraron menos tiempo (en cuanto al tiempo en que tardó el nivel del mar en volver a descender) que los dos acontecidos anteriormente.

El área donde se produjo este evento catastrófico coincide con la misma donde se emplazaba la isla Atlantis o donde tenía su comienzo, como claramente se indica en el Timeo 24e, al decirse: “delante de la boca que ustedes (los griegos) llamáis Columnas de Hércules (Gibraltar)”, y tal como demuestro en un amplio estudio lexicológico de las voces usadas en este pasaje, siempre que los griegos usaban la expresión “” (ante o delante) con relación a lugar, ubicación o posición, se hacía para indicar algo que se hallaba 'a la vista', muy próximo, 'a las puertas', 'en presencia de', o sea, 'de cara o de frente a una persona o cosa', siempre en contacto visual, nunca para localizar o describir algo que se hallara muy lejos, fuera del alcance de la vista. De ahí que me terminara quedando más que claro que laisla Atlantis tenía su comienzo en el mismo Golfo de Cádiz, tal como se indica en el Timeo, o sea, “ante la boca” (s) de las Columnas de Hércules. Tal como vemos también en las más antiguas traducciones latinas de los mismos diálogos de Platón y como también refieren otros antiguos autores sobre la ubicación de la misma isla. Por tanto, para cualquier navegante que saliera por el Estrecho de Gibraltar, en dirección hacia el Atlántico, el comienzo de la Atlántida sería perfectamente visible, es decir, su región más oriental, la que se extendía hacia el mismo Estrecho de Gibraltar, que es descrita como la región del Gadeira y reino del rey Gadeiro, se hallaba al alcance de la vista. Ahora bien, su extensión hacia el Sur y hacia el Oeste, ya es algo más imprecisa y apenas puede estimarse de un modo relativamente aproximado, de acuerdo a otras pistas que he hallado en el mismoTimeo y el Critias.23 Este punto sobre la reconstrucción paleogeográfica de la Atlántida lo trataremos en un capítulo de este misma obra con mapas ilustrativos.

Me queda claro pues que el evento sísmico-tsunámico acontecido entre el 1900 y el 1500 AC es el único que encaja con bastante precisión con la fecha que había ya deducido años antes -de acuerdo a las pistas y datos que se ofrecen en el Critias- en que debió haberse producido el hundimiento de la isla o acrópolis de la Atlántida, la cual se hallaba a su vez en una isla rodeada por tres canales circulares inundados por el agua del mar, y de ahí que Platón usa la misma voz,  (isla), para referirse tanto a la isla Atlantis entera como a la acrópolis y los anillos de tierra o espacios inter-fosos que alternados con los canales de agua rodeaban a la isla central donde se hallaba la misma acrópolis.

Para ir finalizando esta introducción, me gustaría que el lector supiera -ya de entrada- que no he hallado ninguna razón de peso suficiente ni evidencia científica alguna que permita considerar meras falsedades lo que autores serios y reputados como honestos afirmaron (no como mera opinión, sino como un hecho) con relación a la Atlántida y al origen egipcio de la historia. Por el contrario, sí que hallo suficientes pruebas indiciaras -cuando menos- que apuntan a que no se trata de una mera invención de los sacerdotes egipcios que conversaron con Solón, que según Plutarco, fueron Sonjis de Sais y Psenofis de Heliópolis.

De hecho, en el Tomo II del Epítome de la Atlántida Histórico-Científica muestro un catálogo de casi doscientos papiros con muchas pruebas indiciarias, y también muestro mapas muy antiguos, no solo de tradición egipcia, también cartagineses.24 En este libro muestro uno muy revelador encontrado en el suroeste de Iberia por arqueólogos funcionarios y académicos. Por suerte para mi, porque de haberlo encontrado yo, seguro que ningún fundaescéptico o antiatlantista creería que es auténtico.

Toda la representación pictórica en el mural rupestre donde fue hallado ha sido datado -aproximadamente- en finales de la Edad del Bronce, y se ve claramente lo que parece una isla delante de lo que sería el Estrecho de Gibraltar, un canal estrecho justo entre lo que serían Iberia y Marruecos, y dentro de la aparente isla/península justo el símbolo de lo que bien podría ser una ciudad con varios círculos o anillos concéntricos con un canal que parte de casi su centro hacia afuera, tal como se describe en el Critias, y en la que también se ven barcos como navegando dentro de sus canales concéntricos, entre otros elementos como toros y caballos que fueron dibujados en los alrededores, y grandes barcos muy similares al tipo representado en los mapas egipcios en el mismo medio de la "Isla de los Dioses" (¿Atlantis?), justo sobre el canal que conecta el centro de la misma isla con el mar en dichos mapas egipcios. 

Estos barcos del mapa rupestre hallado en el suroeste de Iberia, también se asemejan a los que aparecen dibujados en el templo de Ramsés III de Medinet Habu como embarcaciones de los llamados “Pueblos del Mar”, siendo, por tanto, estas del mapa rupestre tartésico o proto-tartésico, las únicas representaciones de tales tipos de embarcaciones halladas fuera de Egipto en todo el Occidente.

También muestro como soporte de mis hipótesis e investigaciones, ciudades, poblados o "macro-aldeas" de Iberia que datan del Calcolítico y de la Edad del Bronce con el mismo patrón urbanístico descrito para la metrópolis de Atlantis, o sea, varios canales circulares que eran inundados con agua, alternados con anillos de tierra o espacios inter-fosos. Todos rodeando una zona central a modo de pequeña isla, justo como en la capital de Atlantis. 

Muestro, además, centenares de esquemas y símbolos hallados en cerámicas, estelas de guerreros del Suroeste y en petroglifos de casi toda Iberia y de otros países de las costas Atlánticas donde se ve dibujado el mismo patrón o planta urbanística usada en la metrópolis de Atlantis. En fin, abundantes pruebas indiciarias que no pocos arqueólogos seguramente las considerarían auténticas evidencias. Pruebas indiciarias que no son meras opiniones o especulaciones de nadie sino que responden a datos verificables. En definitiva, pruebas indiciarias tangibles que cualquiera puede verificar.

NOTAS: 

1 Aunque mi interés por la Atlántida comenzó desde los 14 años, cuando tuve contacto por primera vez con las obras de Platón, mis primeras publicaciones e investigaciones sobre la misma, ya en tierras de Iberia, no comenzaron hasta 1994.

2Véase el capitulo sobre Crantor en el Tomo I de mi Tomo II del Epítome de la Atlántida Histórico-Científica.

3Toda la argumentación y exposición de datos, evidencias y pruebas indiciarias que me han permitido formular y defender la teoría de la identificación de tales parajes paradisíacos -representados en los primigenios mapas del Imperio Medio- con las regiones del Occidente, junto a las costas del Atlántico, está ampliamente documentado en mi anterior obra: Atlantis – Aegyptius Codex. Clavis. Las fuentes primarias egipcias sobre la Atlántida. Tomo II del Epítome de la Atlántida Histórico-Científica, 2013. ISBN-13: 978-1481244503 ISBN-10: 1481244507. La misma trata en su totalidad del análisis de las fuentes primarias (tanto escritas como arqueológicas) que he encontrado en las fuentes egipcias, tras más de quince años de investigaciones y viajes por Egipto, Sicilia, Creta, Grecia, y otros tantos países de Europa, persiguiendo por Bibliotecas, Museos y Colecciones Privadas, evidencias y pruebas indiciarias que ahora creo permitirán demostrar que, en efecto, era totalmente cierto que Solón redactó su esbozo o exordio sobre la Atlántida según fuentes egipcias que él consulto en Sais, en algún momento entre el 580 y el 560 AC. Más de doscientos documentos (entre textos y mapas en papiros, relieves y pinturas de estelas, tumbas y templos) he logrado reunir -hasta la fecha- como pruebas indiciarias (algunos documentos son auténticas evidencias) que permitirán soportar -con suficiente rigor- la tesis de que la historia sobre la Atlántida que los sacerdotes egipcios trasmitieron a Solón como una "Historia Verdadera”, que “no era un mito o ficción inventada" (tal como leemos en el Timeo), y que estaba basada en "antiguas tradiciones orales" (ek palaias akoês), según se registraba en jeroglíficos en sus "Escrituras Sagradas", en efecto, pudo ser así, tal como se expone en ese Tomo II del Epítome que resume una serie de Atlantología Histórico-Científica que ya va por nueve volúmenes.

4Schu, como trascribe de modo más aproximado los alemanes o Shu, como trascriben los ingleses y que los castellanos han adoptado, aunque su pronunciación difiera por completo del sonido más próximo al original, que sería Schu o Chu, como en la ch andaluza de 'muchacho'.

5Andlosh/Andlush fue considerado como el mismo Atlante, hijo de Japhet (Jápeto) por ciertos autores islámicos, como Attabari, por ejemplo. De ahí que el nombre de Yazirat al Andlush, “Isla de Andlus”, podría ser entendido como “isla de Atlas de Atlante”, o sea, a la misma Isla Atlantis.

6Con el término de Andalish o Andlish, se referían a los Atlantes, según defiende el Dr. Vallvé -destacado arabista español y miembro de la Real Academia de la Historia- de acuerdo a toda la documentación islámica que ha logrado reunir y estudiar por décadas (Boletin de la Real Academia de la Historia. TOMO CXCII. NUMERO I. AÑO 1995, p. 85). Pero la tesis de que Andalus (Andlush) sería lo mismo que Atlas o Atlante (Antlsh) y por tanto, que el nombre islámico de Iberia, Yazirat al-Andlush, era simplemente lo mismo que decir Isla de Atlas o Atlante, o sea, la Isla Atlántida, fue propuesta por primera vez por otro gran arabista español que floreció a finales del siglo XIX, D. Francisco Fernández y González (Fernández y González, Francisco, Primeros pobladores históricos de la península Ibérica, El Progreso, 1891, pp. 156, 157, 159, 160, 237, 349).

7Se refiere al Diluvio de Noé, el cual se hacía sincronizar con el gran Cataclismo de Ogigos, durante el cual aconteció la destrucción de la primitiva Atenas y de la Atlántida misma, tal como se expone en el Critias 112b, donde se precisa que fue el anterior al que sucedió en los tiempos Cataclismo del Deucalión. Tal cataclismo de Ogigos fue datado en las fuentes antiguas entre el 1786 y el 1800 AC, justo en la misma época (Imperio Medio) en la que aparecen en Egipto los primeros mapas sobre las paradisíacas regiones en el gran mar de aguas frías del Occidente y la Isla de los Dioses delante de un estrecho (Columnas de Hércules).

8Ibn ʻIdhârî (al-Marrâkushî.), Historias de al-Andalus.

9En la tumba Jnumhotep, un noble que vivió alrededor de 1900 A.C, el escriba utiliza un simple código de sustitución jeroglífica, cambiando un símbolo por otro menos conocido uno. Sin embargo, su objetivo no fue cifrar el texto de manera tan encriptada que fuera del todo imposible descifrar el mensaje, sino que simplemente buscó que ese mensaje criptográfico fuera legible sólo para aquellos más duchos o expertos en materia de escritura jeroglífica egipcia. Casi como una señal de erudición.

10Tesis que desarrollo ampliamente con abundante documentación en los dos tomos del Epítome de laAtlántida Histórico-Científico publicados entre agosto y diciembre de 2012. Más información enhttp://libros.georgeosdiazmontexano.com.

11Investigaciones de ADN confirman hipótesis de un atlantólogo sobre los Atlantes y los Minoicos:http://www.cronicauniversal.com/2013/08/investigaciones-recientes-de-adn.html

12Ver todo el estudio sobre las referencias de Plutarco realizado en el capítulo correspondiente del Tomo I del Tomo II del Epítome de la Atlántida Histórico-Científica, 2012.

13Tim. 21C-d.

14Plutarco, Vidas Paralelas, Solón, 26.

15Proclo (410 - 485 A.D.), filósofo neoplatónico griego. El representante más importante de la Escuela de Atenas, junto a Plutarco de Atenas y Siriano. El mayor exegeta o comentarista de las obras de Platón en la antigüedad.

16Ver capítulo sobre Heródoto.

17Dataciones por radiocarbono apoyan hipótesis sobre el final de la Atlántida, Ariel Díaz (Sais), 28 Sep. 2013: http://lacomunidad.elpais.com/Atlantis-tartessos/2013/9/28/dataciones-radiocarbono-apoyan-hipotesis-sobre-final-de

18Ruiz, F, M. L. González-Regalado, M. Abad, J. Borrego, B. Carro, J. Rodríguez Vidal, L. M. Cáceres, M. Pozo, M. I. Carretero, F. Gomez y A. Toscano, El registro geológico de tsunamis holocenos en el estuario del río Tinto (SO de España), VIII Congreso Geológico de España, 2012, Oviedo.

19Tim. 25c.

20Idem.

21Un tsunami acabó con la Atlántida de Platón, afirma investigador, y podría volver a ocurrir una catástrofe similar, Noticias.info, Enero, 2005: http://Atlantisscientific.blogspot.com.es/2005/02/riesgo-de-tsunami-en-espaa-un-tsunami.html

22Gutierrez-Mas, José Manuel, Glycymeris shell accumulations as indicators of recent sea-level changes and high-energy events in Cadiz Bay (SW Spain), Estuarine, Coastal and Shelf Science, Volume 92, Issue 4, 20 May 2011, Pages 546–554.

23Díaz-Montexano, Scientific Atlantology International Society (Sais), Reconstrucción paleogeográfica de los reinos de la Atlántida, Buscando la Atlántida Histórica:http://georgeosdiazmontexano.wordpress.com/2013/08/28/georgeos-diaz-montexano-reconstruccion-paleogeografica-de-los-reinos-de-la-atlantida/ También, La cuestión sobre el verdadero tamaño de la Atlántida, Georgeos Díaz-Montexano, Scientific Atlantology International Society (Sais):http://georgeosdiazmontexano.files.wordpress.com/2013/07/Atlantismeizongeorgeosdiazmontexano.pdf

24En el Tomo I del citado epítome muestro más de estos mapas creados en Cartago, aunque de tradición egipcia igualmente.


Ver el libro "ATLANTIS / NG. National Geographic y la búsqueda científica de la Atlántida. Localización y antigüedad de la legendaria civilización de Atlantis desde las fuentes clásicas, egipcias, tartessias y calcolíticas" en http://author.to/GeorgeosDiazMontexano (Lanzamiento en Diciembre de 2016 junto con el estreno del documental de National Geographic).


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