La ‘Primigenia Jaén’ (Marroquíes Bajos) un asentamiento que se convierte en verdadera macrópolis por alianzas de clanes ante el avance de un peligroso enemigo extranjero: los descendientes de los esteparios.

Breve adelanto de una tesis registrada* del equipo de la Revista Argárica y la Scientific Atlantology International Society (SAIS).

Equipo de investigación de la Revista Argárica y de la SAIS

Las imágenes sobre La Almoloya, La Bastida y Los Millares pertenecen a la conferencia del MAN “Últimos descubrimientos en La Bastida y La Almoloya, 4.200 años” (https://youtu.be/lbvSd8PQRgw). Plano de ‘Marroquíes Bajos ‘de la derecha, Sánchez, Bellón, Rueda, 2005 (http://tp.revistas.csic.es/index.php/tp/article/download/73/73)

Muy probablemente el único ataque que podían temer los habitantes de Marroquíes Bajos (justo para esas fechas de hacia el 2500 a. C. que fortifican fuertemente el asentamiento) era el de los invasores extranjeros de ancestría esteparia.

No nos queda muy claro que el enemigo temido fuera el que varios siglos después aparece casi de repente en La Bastida como la gente que da origen a la cultura del Argar. Esa gente parece más bien colonos (esto lo admite Roberto Rich en una conferencia en el MAN: https://youtu.be/lbvSd8PQRgw?t=985 escuchar hasta el minuto 17:26, como mínimo) que vienen de otras partes, más bien desde las regiones del Cercano Oriente (como antes sugiere Rafael Micó en la misma conferencia), muy probablemente desde el mundo semita o proto-cananeo, que es donde se dan los primeros y mejores ejemplos del sistema de fortificación de puertas o entrada de una muralla (aún en uso hacia el 2200 a. C., y algo después), absolutamente idéntico (no solo “algo parecido”) al de La Bastida. Algo tan arquitectónicamente complejo no puede ser, de ningún modo, reducido a una “mera casualidad” o “simple coincidencia fortuita”. A lo que tenemos que sumar los enterramientos en pithoi, entre otros elementos que se observan igualmente en La Bastida y en los inicios del Argar.

La gente de ancestría esteparia puede que se haya aliado de algún modo con estos colonos que podrían provenir del Cercano Oriente (mundo semita o proto-cananeo), pero no podrían ser solamente de ancestría esteparia, ya que ellos adoptaron fácilmente (a través de la cultura del Vaso Campaniforme) por toda Europa, incluida Iberia, la tradición neolítica de construcción mediante recintos circulares concéntricos, sin predilección alguna hacia la arquitectura de planta cuadrada o rectangular, salvo para un edificio único central o bien para algún tipo puntual de obra hidráulica, aunque preferían hacerlas circulares.

El inicio del Argar, si lo interpretamos desde La Bastida y la Almoloya, supone una ruptura total en casi todos los sentidos, donde muy pocas cosas pre existentes se mantienen, y no está claro si es por continuidad de alguna tradición local o porque simplemente son elementos simples que están presentes en la casi totalidad de asentamientos y culturas de esos tiempos en todo Europa y norte de África, incluidas las mismas culturas del Cercano Oriente de horizonte semita, fundamentalmente.

Todo apunta a que la gente del Argar no podrían ser los mismos descendientes de esteparios, o al menos, no al completo. Alguna mezcla debería hallarse con gente proveniente del Cercano Oriente, ya que es casi imposible explicar, por mero contacto comercial esporádico o puntual, unas influencias tan claras y precisas y de tanta envergadura de tipo semita proto-cananeo u oriental del Cercano Oriente.

Esperamos que la genética arroje datos al respecto, pero, sinceramente, si los estudios genéticos no muestran nada al respecto, estaremos ante un problema muy gordo y muy difícil de explicar, ya que no sería, para nada, lo esperable, dado que no tenemos mi siquiera evidencias de contactos comerciales esporádicos entre esa fase fundacional de El Argar (ni siguiera en la fase siguiente) con el mundo del Cercano Oriente, lo cual siempre se refleja siempre, a nivel arqueológico, a través del registro cerámico, como mínimo. De hecho, la cerámica es el tipo de evidencia más frecuente cuando hay comercio e intercambio entre poblaciones de culturas diferentes, pero ni un solo mísero fragmento de cerámica típica del Cercano Oriente (ni de Anatolia siquiera) ha aparecido en esa fase fundacional de El Argar ni en La Bastida ni en la Almoloya.

Solo hay una manera posible de explicar unas influencias del Cercano Oriente tan contundentes en la arquitectura militar, que ya es fundacional, es decir, que llega con los mismos primeros colonos (Risch, 2015), así como la costumbre de enterramientos en pithoi, al parecer creada por pueblos proto-semitas (en cualquier caso, típica entre estos y entre otras culturas cercanas que la tomaron de ellos) que también llegaría con ellos, pues antes del horizonte argárico no se documenta en la península enterramientos en pithoi.

En el equipo de la revista Argárica tenemos nuestra propia teoría al respecto (ya registrada) y que muy pronto saldrá publicada en vídeo acompañado con artículo.

En cualquier caso, queda claro que la gente de Marroquíes Bajos se intentaba proteger de un enemigo peligroso, un enemigo invasor que seguramente iría arrasando con casi todo a su paso, y en esas fechas (circa 2500 a. C.), solo podría tratarse de los descendientes de los esteparios del linaje R1b (y sublinajes de este) que recién están entrando y dominando casi toda la península. De hecho, cada vez nos convencemos más de que el motivo principal por el cual Marroquíes Bajos llegó a convertirse en un asentamiento tan grande, que bien merece el epíteto de macrópolis (los arqueólogos extranjeros la llaman “Mega Asentamiento” o “Mega Ciudad”, o sea, mucho más que macro-polis), fue porque algunas poblaciones del Sur, Sudeste, Sudoeste y al parecer también de la Meseta Central de la península, decidieron, por acuerdos o alianzas, unirse en una misma ciudad y entre todos fortificarla de la mejor manera posible, uniendo así fuerzas contra ese enemigo extranjero invasor, dado que fueron testigos de cómo estos arrasaban a cualquier asentamiento pequeño o de mediano tamaño. Como suele decirse: “La unión hace la fuerza”, por lo que estaríamos ante el primer caso claro del nacimiento de un estado colaborativo por alianzas (“unión de fuerzas”) que surge por la imperiosa necesidad de unirse todos contra un poderoso y muy peligroso invasor extranjero. El primer caso de resistencia indígena contra invasores extranjeros a gran escala.

Por otra parte, aunque Rafael Micó (2015) en la citada conferencia en el MAN, afirma que junto con la llegada de los colonos que fundan La Bastida es cuando realmente se puede hablar de un sector o casta de la sociedad especializados en la defensa, “el nacimiento de un estamento militar”, o sea, soldados o guerreros entrenados y destinados a tal servicio, no debemos olvidar que en una macrópolis tan gigantesca con enormes perímetros circulares amurallados, un perímetro o anillo entero (cuarto foso), y otro en más de la mitad del perímetro que rodearía a la ciudad (quinto foso) con más de 400 o 300 bastiones (entre ambos), una auténtica bestialidad que no ha sido documentado en ninguna otra parte de la prehistoria, exige igualmente de soldados o guerreros cuya función es la de justo vigilar en tales bastiones (al menos en la mitad de ellos) y en las torres defensivas. Lamentablemente solo se pudo documentar una (antes de la destrucción del sitio por las empresas constructoras), pero legítimamente se deduce que debió haber al menos una en cada acceso o puerta, sobre todo cuando estamos hablando de anillos perimetrales muy largos de varios kilómetros alrededor de la macrópolis. Poder controlar y vigilar el posible asedio de la ciudad, tan solo en la mitad de tales elementos defensivos, ya es de por si una tarea muy compleja y titánica que, a todas luces, exige personal especializado en tales tareas de vigilancia y protección de la macrópolis.

¿Qué sentido tiene construir tantos elementos defensivos -que claramente evidencian una gran preocupación ante una invasión enemiga- si no se colocan en ellos (al menos en la mitad de los mismos) de manera permanente, día y noche, guardias, o sea, guerreros, personas cuya única función es esa justamente, la de vigilar, día y noche por casi todos los ángulos por los que podrían venir esos enemigos peligrosos de los cuales se estaban protegiendo y que les llevó a tal colosal esfuerzo constructivo en el plano militar?

Con que solo estuviéramos hablando de un pequeño grupo de unos tres personas (que se turnan), a las cuales se les exime de otras responsabilidades, para que se dediquen exclusivamente a vigilar al menos la mitad de los bastiones, torres y cada punto defensivo, y dado el caso defender, o sea, pelear contra el enemigo, ya podemos hacenos una idea de que al menos se necesitaría entre 450 y 600 personas dedicadas solo a la vigilancia y protección de al menos la mitad de los elemento defensivos que rodean la macrópolis.

Todo esto nos lleva, sin la menor duda, a la existencia ya de una clase guerrera, es decir, de personas especializadas en la vigilancia y defensa de la ciudad, más allá de la calidad de las armas que estos tuvieran (principalmente arquería, lanzas, puñales y hachas de piedra o cobre) en comparación con las que después vemos de mejor calidad (‘alabardas y hachas de bronce’) que portan después los argáricos, y que ya aparecen en otros lugares de Europa Central y Occidental, poco antes y casi al mismo tiempo en que se funda La Bastida. De modo que el hito histórico de gente especializada en la defensa de la ciudad, llamémosle, casta o clase de guerreros o soldados, un típico marcador del origen de los proto-estados, a todas luces tampoco es algo que debemos deducir que se origina por primera vez en Europa con la llegada de los colonos que fundan La Bastida.

De lo anterior se deduce, que si existía ya en la “Primigenia Jaén” del Calcolítico (Marroquíes Bajos) una casta o clase guerrera, o sea, el nacimiento de un estamento militar, entonces ya podríamos hablar de los inicios de un proto-estado, hito histórico este que, de momento, solo se acepta que aparece en la península a partir de la colonia fundada en La Bastida en Totana, Murcia.

Recientemente, en una publicación de EE.UU., se viene a confirmar en parte esta “teoría de las alianzas o unificación de clanes” que ya estábamos desarrollando desde hace algunos años, al descubrirse (en el registro antropológico de Marroquíes Bajos) que al menos un 30% de la población de Marroquíes Bajos, para estas fechas que coinciden con la llegada de los descendientes de los esteparios (circa 2500 a. C.), de repente se compone de personas que provienen de otros lugares de la península, aunque al parecer de los alrededores, del mismo Sur, Sudoeste y Sudeste, y de la Meseta Central de la península, es decir, gente que no es nativa de Marroquíes Bajos, pero que, sin embargo, gozan de los mismos privilegios y hasta son enterrados en idénticas condiciones que los que sí eran nativos.

Es decir, que la macrópolis de la “Primigenia Jaén” del Calcolítico (Marroquíes Bajos) con ese diseño que inevitablemente nos trae a la memoria el usado por la civilización atlántica, tal como se describe en las fuentes primarias escritas, admite gente nativa de otros lugares de la península, con los mismos derechos y nada más integrarse en la ciudad, tal como se deduce por el registro infantil, lo cual tiene toda la pinta de responder a ciertos acuerdos o alianzas que deben ser respetados (todos tratados como iguales) a cambio de la unión de fuerzas contra el enemigo invasor, además de evidenciar que se trata de gente de una misma cultura indígena calcolítica con idénticas creencias, deducibles estas por la práctica de idénticas costumbres funerarias.

Por otra parte, nos queda ya bastante claro que El Argar surge varios siglos después, y como bien apunta Risch, 2015, de repente, como colonos que llegan, y nada más llegar fundan una ciudad en un lugar no habitado (pero que no es, ni de lejos, “la primera ciudad de la Europa continental” como increíblemente afirma en la misma conferencia: https://youtu.be/lbvSd8PQRgw?t=1295), y desde el primer momento con una clara declaración de intenciones, y de poder, obviamente, mediante la construcción de una sólida muralla con un sistema de puerta o entrada fortificada completamente diferente a todo lo conocido hasta la fecha, pero que es idéntico al que ya se venía usando desde siglos antes en el mundo semita o proto-cananeo del Cercano oriente y en algunos puntos de Anatolia, donde tales tradiciones de arquitectura militar fueron adoptadas de los mismos semitas.

Esta gente que funda El Argar no parece ser la misma descendiente de esteparios contra los cuales se estarían protegiendo siglos antes los habitantes nativos de la península, unificados en la macrópolis de la “Primigenia Jaén” (Marroquíes Bajos). Si el registro genético llega a revelar que los argarienses de La Bastida y la Almoloya son todos esteparios, desde el inicio, desde luego que estaremos ante uno de los mayores contrasentidos de la historia, el cual pondrá en tela de juicio a muchas interpretaciones que se han hecho -y se siguen haciendo a día de hoy- a la luz de la misma antigua genética de poblaciones, ya que de ningún modo es lo esperable. Lo esperable sería, en última instancia, cierta mezcla (en las altas castas o estratos sociales superiores) de gente que, al menos por linajes paternos sean orientales (probablemente semítas, o lo sumo anatólicos) con gente de ancestría esteparia de la península, pero sería muy difícil, pero muy difícil, explicar el surgimiento del Argar, o concretamente, de La Bastida y La Almoloya, si resultase que, paternamente, son solo esteparios (R1b) con una poca mezcla de nativos de origen neolítico-calcolítico (I2, G2, F, C).

Inexplicablemente, se ha tardado mucho en revelar esos datos, a pesar de que los estudios se hicieron hace años. Se ha tardado, de hecho, mucho más que ningún otro equipo de investigación del mundo con una situación similar. Ahora nos dice Micó (2021), en una reciente entrevista radial de hace apenas unos diez días, que “pronto” (lo mismo vienen diciendo desde hace años) serán publicados dichos datos genéticos de ancestría de tales fundadores de El Argar en Murcia. En fin, a ver si realmente esta vez sí es cierto y podemos ya empezar a conocer, genéticamente, quiénes eran esos fundadores de la Cultura de El Argar en Murcia.

* Este artículo forma parte de una Obra registrada (Nº 2104137502456).

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