¿Podemos hallar confirmación en la lingüística histórica y prehistórica de las tradiciones negativas (indoeuropeas) y positivas (transeurasiáticas/altaicas) sobre los caballos?

Georgeos Díaz-Montexano, Vitalitius Accepted Member of The Epigraphic Society

Homofonía y simbolismo del caballo en poblaciones eurasiáticas.

Tradiciones como las descritas deben haber dejado algún reflejo rastreable en los léxicos de los pueblos. Así que decidí buscar entre todas las familias de lenguas, partiendo de una hipótesis de mero sentido común, si las tradiciones indoeuropeas que vinculan al caballo con algo negativo (enfermedad, muerte, lo malo, etc.) son realmente más antiguas de lo estimado (circa 2000 a. C.), debería poder hallarse en las proto-lenguas de cada familia anterior a esa fecha términos para denominar tales aspectos negativos que coincidan, en su fonética, con términos para denominar al caballo.

La búsqueda arrojó que, en efecto, en el Proto-Indoeuropeo la raíz *mark(‘)- ‘caballo’ comparte una relación homofónica parcial con la raíz *mer ‘morir’, especialmente notable cuando se retrocede algo más en el tiempo y nos situamos en el proto-idioma Eurasiático/Nostrático (Mesolítico-Neolítico), donde la raíz para la primera es *m[ä]rV ‘enfermarse, morir’ y para la segunda es *morV ‘caballo, ganado’, ambas a su vez derivando de una raíz *MVRV ‘un animal ungulado’ (la V mayúscula se usa para señalar cualquier vocal que no es posible determinar) que ha sido reconstruida en el hipotético proto-idioma de finales del Paleolítico que se estima hablaría en gran parte de Eurasia y al que se la ha dado el nombre de Boreano. Es decir, que de una raíz MVRV del Boreano, habrían derivado las dos formas eurasiáticas comentadas: *m[ä]rV ‘enfermarse, morir’ y *morV ‘caballo’. Esto no quiere decir que compartan etimología con dicha raíz Boreana MVRV, pero sí es evidente que comparten homofonía, es decir, que no estamos buscando cognados homofónico-semánticos para rastrear la etimología de unas voces y su parentesco lingüístico sino tan solo formas homófomas que por sus significados dentro de una misma lengua o familia pudieran explicar las asociaciones negativas con el caballo, por parte de indoeuropeos, y las positivas por parte de los transeurasiáticos de lenguas aglutinantes.

Estos correlatos, obviamente, para los más escépticos podrían ser meras coincidencias fortuitas. Sin embargo, coinciden con lo esperable tras conocerse la existencia de tradiciones indoeuropeas donde el caballo es asociado a conceptos negativos tales como la enfermedad y la muerte, entre otros. De modo que es probable que no sean meras coincidencias fortuitas sino más bien el reflejo de auténticas relaciones semántico-simbólicas creadas por el conocido principio de homofonía.

Los conceptos de ‘enfermedad y muerte’ (Boreano: MVRV), desde luego tiene que ser anteriores al término usado por los humanos para denominar a un ungulado primero y al caballo después (Boreano: MVRV). De modo que la relación simbólica y sin duda alguna homofónica entre el caballo y tales conceptos negativos (‘enfermarse’ y ‘morir’) solo pudo ocurrir tiempo después de la existencia de dicha raíz para tales conceptos negativos. Y a juzgar por estos datos el origen de esta relación homofónica que derivaría en ciertas creencias donde el caballo es visto como una animal negativo entre los indoeuropeos, pudo darse en cualquier momento a partir del origen del proto-idioma Eurasiático/Nostrático, o sea, entre el Mesolítico y el Neolítico.

Ciertamente, no podemos saber con exactitud (necesitaríamos una “Máquina del Tiempo”) cuándo fue que los Indoeuropeos se percataron de tal relación homofónica que incitaría (o cuando menos soportaría) la creación de mitos negativos sobre el caballo, es posible que haya sido mucho después, pero al menos ahora sabemos que pudo haber sido desde mucho antes, cuando menos desde el momento en que surgen los pueblos indoeuropeos y estos conocen al caballo y deciden llamarlo con un nombre cuya raíz fonética comparte fonía (homofonía) con la usada desde mucho antes para dar nombre a la enfermedad (como genérico) y a la muerte misma.

¿Pero por qué decidirían estos primigenios proto-indoeuropeos denominar al ‘caballo’ valiéndose de una raíz (*mVrV-) que, cuando menos, se podría confundir con la misma usada para ‘enfermarse’ y ‘morir, en vez de valerse de cualquiera de las muchas otras raíces portadoras de conceptos positivos?

La única explicación que se me ocurre ahora mismo como verosímil, es que desde el primer momento en que los proto-indoeuropeos conocen el caballo como animal (no necesariamente como animal domesticado) algún evento “traumático” relacionado con una penosa enfermedad y muerte (¿alguna epidemia que se achacarían a este animal?) relacionado con el caballo, produciría una mala experiencia en la primera comunidad de proto-indoeuropeos, y con ello el surgimiento de creencias negativas sobre el caballo. Creencias a las que entonces se les daría forma de “cuentos” o “mitos” que serían después trasmitidos por la misma comunidad de proto-indoeuropeos a sus descendientes indoeuropeos.

Un inciso que creo necesario: esta comunidad donde supuestamente pudo acontecer tal hipotético escenario no tiene porque haber sido la comunidad primigenia basal que da origen a todas las ramas de pueblos indoeuropeos. De modo que el hecho y las tradiciones negativas creadas como consecuencia de ello pudieron haber pasado solamente a las ramas o grupos descendientes, mientras que otro grupo indoeuropeo basal que no tuvo tal experiencia y que marco su propia ruta histórica y evolutiva de modo independiente pudo haber terminado reaccionando al caballo de un modo totalmente opuesto, o sea, como una animal positivo, como de hecho vemos en las poblaciones indoeuropeas de algunos lugares de la Eurasia occidental, especialmente en Iberia.

Pero la evidencia no queda solo en dicha forma *mVrV, también hallamos homofonía en el Proto-Indoeuropeo entre otro término para ‘caballo’, *g’hAy-, y uno de connotación negativa: …

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